2014

Desayuno

desayunoHoy mientras me peinaba, Fernando me jaló del pantalón y me decía “papá, papá” volteé y me regaló una sonrisa lindísima. Se había levantado y lo primero que hizo fue buscarme, imagínenselo, todo despeinado y vistiendo un mameluco de changuitos. No sabe hablar, apenas dice monosílabos y una que otra palabrita. Me extendió los brazos y lo levanté mientras los hoyuelos de sus mejillas adornaban su sonrisita, ví su dentadura incompleta y le pedí que me mordiera la barbilla. Carajo, dolió. Me quejé y él rio. Le lavé la cara y las manitas, humedecí su cabello y lo peiné. Le mostré su imagen en el espejo y sonríe. Tomó el peine y lo paseó sobre su cabecita, se “peina” alborotando otra vez su cabello. Al parecer le gusta ese estilo. Le serví cereal mientras escuché que su hermano mayor se despertaba.

Siempre me da risa ver a Mauricio cuando recién se despierta, tiene unas greñas horribles que lo hacen verse muy simpático. Yo se las heredé, pero ya no estoy en la edad de verse simpático son ese cabello. Me acerqué a su camita y lo abracé, a él le puse un gorro, que no tengo tiempo de arreglar su cabello. Me besa la mejilla y sus manitas me rodean el cuello, lo cargo y lo llevé a asearse, me pidió rasurarse conmigo, así que le puse espuma en la cara y se rasuró con el peine mientras gritaba: “¡También soy papá!”, lo llevé a la mesa porque quiere cereal. Lo pienso, ayer no quiso comer, solo desayunó y prefiero que almuerce algo más fuertecito; no pude con esa miradita. Le serví cereal, pero poco, y le advertí que debe comer bien. “Papá es feliz cuando comes bien, lo sabes ¿no?”, asintió y prometió que se comerá la comida y argumentó: “Ayer me lolía la pancita papi”.

Mi esposa, se levanta y le habla a los niños, para que me dejen seguir acicalándome para el trabajo. Se levantó y me preguntó que quería de desayunó, me dió un beso y la abrace mientras se ponía un suéter. Miento y le digo que no tengo tiempo para desayunar. No quiero que se levante.
Estoy listo para irme, pero me quedo, tengo tiempo. Fernando no se acabó el cereal, pero ya trae un martillo y golpea las paredes y puertas (suerte que es de plástico), su mamá lo cambia para que no anden en pijama y Fernando cree que es para ir de vago, señala la puerta y nos jala a la salida. Mauricio, ese hombrecito ya se cambia solo, me pregunta si iré a trabajar, carga a su hermanito e intenta entretenerlo con el arsenal de juguetes que se trajeron.
He compartido muchos desayunos, pero el de hoy fu sin duda el mejor, la calidez de mi familia. Las sonrisas de mis pequeños, los labios tersos de mi esposa y un “nos vemos en la tarde”. Algo que tenía tiempo no disfrutaba.

Sean felices.

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