2014

Tranzado en la gasolinería

perfume-pirata En este sitio he leído toda una variedad de casos donde se exponen las múltiples formas de tranzar y ser tranzado en nuestro México lindo y querido. Muchas anécdotas parecen casi inverosímiles y hasta se toman como leyendas urbanas pero la mayoría de ellas son 100% reales. Hoy quiero compartirles algo que sucedió en la bella ciudad de la eterna primavera, Cuernavaca, Morelos.

Era un sábado por la tarde cuando en familia (hermana, cuñado, sobrinos y yo) veníamos saliendo del centro comercial Galerías Cuernavaca e hicimos parada en la gasolinera que está cerca (casi a lado de la agencia de autos Toyota) para abastecer el tanque. Mi cuñado que era el conductor después de cargar bajó para revisar las llantas. Mientras tanto el chavo que despachaba en la bomba de a lado, discutía con un “cliente”, el cual manoteaba y hacía gestos de indignación. De pronto este chavo mandó a la chingada el despachador y se dirigió hacia mi cuñado y empezó a hablarle ahora haciendo gestos suplicantes. Mis familiares y yo que estábamos dentro del auto sólo observábamos sin entender lo que sucedía. Después de unos minutos el chavo le entregó una cajita mi cuñado y éste a su vez le extendió un billete, finalmente ambos se despidieron con una gran sonrisa.

Emocionado mi cuñado entró al auto y le entregó la cajita a mi hermana diciéndole “mira vieja, para que veas cuanto te quiero, te acabo de comprar este perfumito” mi hermana revisó el perfume detenidamente y al observar que en etiqueta tenía el precio mil doscientos pesos, empezó a dudar y terminó reclamándole porque había comprado algo tan caro a un desconocido. Para excusarse mi cuñado le dijo que era por hacer LA OBRA BUENA DEL DÍA ya que el chavo con el que minutos antes había hecho la compra le dijo que en su auto llevaba a un familiar con una emergencia de salud, pero que el despachador muy prepotente y culero no quería aceptarle unos vales de gasolina. Que le urgía llegar al DF para atender a su familiar que casi agonizaba dentro del auto y que de favor, que le hiciera el grandísimo favor de comprarle alguno de sus caros productos (bolsas, relojes, perfumes, etc) para llenar su tanque de gasolina. Porque, le repetía insistentemente “el despachador culero no me acepta los vales de gasolina y no traigo ni un quinto”.

Mi cuñado se justificaba con mi hermana diciendo haber ayudado a ese comerciante que se veía tan angustiado y que además había hecho una buena compra pues en su desesperación el chavo terminó ofreciéndole el perfume a precio de remate: doscientos bien baratos pesos. Entonces mi cuñado para calmar a su iracunda mujer le decía “ya viejita, sólo pagué doscientos pesitos, precio casi de regalo”.

Mi hermana resignada, aceptando y comprendiendo a su bondadoso marido. Guardó en su bolso el perfume etiquetado con el precio de mil doscientos pesos con la ilusión de estrenar muy pronto el tan fino regalo de su inteligente marido.

No pasó ni una semana cuando los invitaron a una fiesta y mi hermana estaba feliz porque al fin se iba a estrenar el perfumito y que de seguro tendría un aroma europeo.

Llegó entonces el gran día, así es que por la mañana se fue a conseguir una bolsa de regalo y se le ocurrió ir Waldos. Ya estando en esa tienda se puso a curiosear cuando de pronto ¡oh sorpresa! había en exhibición un montón de perfumes idénticos al que le regaló su marido. Sólo que el precio real era de VEINTISIETE PESOS. Fue entonces cuando lanzó un ¡HECF!

Después de este suceso y al atar cabos concluimos en que:

El despachador de gasolina y el chavo que vende los perfumes están en complicidad y son maestros de la actuación pues hacen perfectamente el acto de la discusión.

El chavo chantajea EMOCIONALMENTE al cliente cautivo para TRANZARLO y hacerle creer que esta ayudando a un ser desesperado.

El chavo está tranzando tal vez de gasolinera en gasolinera y a cuanta gente les vende a doscientos pesos los perfumes que en realidad cuestan veintisiete pesos. Saquen cuentas y pues está tranzando y haciendo su bonanza.

Y como les decía, esto no es un cuento y sucedió en la ciudad de Cuernavaca.

Cortesía de Rafaelo

logo-la-banda

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
76 Comentarios en “Tranzado en la gasolinería”