2014

Cuidado con los edulcorantes artificiales – Elmer Huerta

edulcorantesLos edulcorantes están en bolsitas azules, rosadas y amarillas de todos los restaurantes y en las bebidas dietéticas y alimentos que se compran en cualquier lado.

Pero ahora, en el primer estudio de su género, publicado en la prestigiosa revista “Nature”, se demuestra que los edulcorantes artificiales aspartame, sucralosa y sacarina pueden causar subidas bruscas y sostenidas del azúcar en la sangre de ratones y seres humanos. Este fenómeno, llamado intolerancia a la glucosa, es uno de los trastornos del llamado síndrome metabolico, que junto a la presión alta, gordura del abdomen y colesterol elevado son causantes de millones de muertes en el mundo entero por infartos cardiacos, derrames cerebrales y diabetes.

Y lo interesante es que esa intolerancia a la glucosa causada por los edulcorantes artificiales es producida a través del “engaño” que esos productos le hacen a las miles de millones de bacterias de la microbiota.

Azúcar de la sangre

El experimento empezó dándole de beber agua con alguno de los tres mencionados edulcorantes a un grupo de ratones. Para estar seguros que el efecto que iban a ver sobre los niveles de azúcar de la sangre era por los edulcorantes, los investigadores les dieron de beber agua con azúcar natural a otro grupo de ratones.

Solo los ratones que tomaron agua con edulcorante tuvieron un marcado aumento de azúcar en la sangre después de comer varios tipos de alimentos. Los ratones que tomaron aguan con azúcar natural, no tuvieron ese tipo de anormalidad.

Lo importante

Se sabe que los edulcorante ni se digieren en el intestino ni se absorben a la sangre, por lo que si ya se probó que solo los ratones que tomaron agua con edulcorante tuvieron el aumento de azúcar en la sangre, la pregunta lógica es: ¿Cuál es el mecanismo por el cual los edulcorantes causan ese efecto negativo?

Los investigadores lanzaron entonces la hipótesis de que era posible que los edulcorantes ejercieran su acción modificando de alguna manera la flora intestinal o microbiota.

Uso de antibióticos

Para probar su teoría de que los edulcorantes aumentan el azúcar de la sangre a través de un cambio en las bacterias intestinales, los investigadores trataron con diversos tipos de antibióticos a los ratones que estaban tomando el agua con edulcorantes (un grupo recibió metronidazol y ciprofloxacina para matar bacterias gram negativas y otro grupo vancomicina para matar bacterias gram positivas). Obviamente la intención era “limpiar” la microbiota con esos antibióticos y ver qué pasaba con el aumento de azúcar en la sangre.

Por increíble que parezca, los ratones tratados con antibióticos ya no presentaron la elevación del azúcar en su sangre, por lo que se demostraba que de algún modo, los edulcorantes ejercen su efecto negativo a través de la microbiota.

Trasplante fecal

Si la elevación del azúcar de la sangre causada por los edulcorantes se hacía a través de algún cambio en la microbiota, los investigadores se preguntaron entonces si era posible “transferir” la alteración de un ratón a otro haciendo un trasplante fecal.

En otras palabras, si el edulcorante alteraba la microbiota, ¿podría un trasplante de heces (con su microbiota incluida) de ratones que tomaba agua con sacarina causar el mismo problema en ratones sin microbiota? Por si acaso, le digo que los ratones “estériles” o “limpios de bacterias” se obtienen tratándolos previamente con antibióticos.

Pues bueno, los ratones que recibieron las heces de un ratón que estuvo tomando agua con sacarina también desarrollaron la intolerancia a la glucosa o elevación del azúcar producido por el edulcorante.

Obviamente, y como control, los investigadores hicieron el mismo experimento trasplantando heces de ratones que tomaban agua con azúcar natural y los ratones trasplantados no mostraron ninguna anormalidad en el azúcar de su sangre.

Y por si acaso alguien pudiera decir que esa subida de azúcar en la sangre pudiera ser por algún otro “elemento” en los excrementos y no por una alteración de la microbiota, los investigadores aislaron bacterias de la microbiota y las incubaron con sacarina. Esas bacterias, ahora incubadas en sacarina, fueron trasplantadas a ratones sin microbiota y la intolerancia a la glucosa se produjo también en ellos.
La conclusión de todos estos experimentos es entonces que los edulcorantes cambian de alguna manera la microbiota, la cual produce la intolerancia a la glucosa.

Pero ahora surge otra pregunta: ¿Cuáles son las bacterias que se alteran y que es lo que cambia en ellas para producir el daño de los edulcorantes?

Alteraciones bacterianas

Para averiguar que bacterias eran las dañadas por los edulcorantes, los investigadores hicieron dos tipos de análisis del material genético bacteriano. Uno, llamado secuencia S16, sirve para “diferenciar las familias” de bacterias en la microbiota y lo hicieron para ver que familias de bacterias habían sido “barridas” o al contrario, habían proliferado por efecto de los edulcorantes. El otro examen, llamado secuencia metagenómica, sirve para ver cuál es la función metabólica de esas familias de bacterias.

Lo que encontraron es que los edulcorantes promovieron el crecimiento de bacterias que ya habían sido previamente relacionadas con el desarrollo de la diabetes y la intolerancia a la glucosa. Por su parte, la secuencia genómica demostró que esas bacterias proliferadas eran especialistas en digerir un tipo de azúcar llamado glicano, produciendo una enorme cantidad de ácidos grasos de cadena corta, que pasan a la sangre, y se usan como fuente de energía por el cuerpo y producen una enorme cantidad de calorías.

¿Y en el ser humano?

Para ver qué pasaba en el ser humano, los investigadores administraron sacarina por seis días a un grupo de siete voluntarios que no tenían la costumbre de usar edulcorantes. Las dosis usadas fueron las aprobadas por la FDA de Estados Unidos. Los análisis demostraron que cuatro de esos voluntarios desarrollaron intolerancia a la glucosa.

Interesantemente, la microbiota de estos cuatro voluntarios “respondedores” era similar, pero completamente diferente de aquellos tres que no respondieron, lo cual indica, de acuerdo a los investigadores, de que en seres humanos, el tipo de alimentación y microbiota es muy importante para evaluar la acción de los edulcorantes.

Para completar su estudio, los investigadores aislaron las bacterias de la microbiota de los “respondedores” y las trasplantaron a ratones sin microbiota. El resultado fue que los ratones desarrollaron intolerancia a la glucosa, demostrándose que el daño de la sacarina se producía por una alteración en las bacterias.

Aumentan la panza

Y por último, los investigadores analizaron de lo que sucedía en la salud de 381 personas sin diabetes que tenían la costumbre de usar edulcorantes diariamente. Lo que encontraron fue una directa asociación entre el uso de edulcorantes y el depósito de grasa en la parte central del cuerpo (abdomen) y de aumento del azúcar en la sangre o intolerancia a la glucosa.

Todos estos experimentos demuestran que los edulcorantes no son tan inocentes como se cree y que por alterar la composición de nuestras bacterias intestinales, estarían produciendo el efecto contrario de la razón por la que se consume.

En otras palabras, la gente usa un edulcorante para evitar el uso del azúcar y la elevación del azúcar en la sangre, pero por los experimentos descritos, parece que los edulcorantes terminan haciendo lo contrario, es decir aumentan el azúcar de la sangre y producen además aumento de la grasa abdominal, otro de los elementos del síndrome metabólico.

La gran pregunta que todos debemos hacernos es; ¿realmente necesitamos consumir edulcorantes, y si lo hacemos, por qué lo hacemos?

Si bien es cierto que el ser humano está consumiendo una enorme cantidad de azúcar en su dieta, lo que junto a la falta de actividad física está contribuyendo a la epidemia de obesidad en el mundo, la Asociación Americana del Corazón recomienda que el hombre puede consumir hasta 9 cucharaditas de azúcar y la mujer 6 cucharaditas al día sin problemas. Sabiendo que cada cucharadita de azúcar solo tiene 15 calorías, nos preguntamos cuál es peor: esas 100 o 150 calorías de azúcar natural al día o el daño de los edulcorantes en nuestra microbiota?

No vaya a ser que por nuestro descuido en la alimentación y nuestra flojera en hacer actividad física diaria, la “monería” de usar edulcorantes artificiales para “cuidarnos del azúcar” y “evitar el exceso de calorías” este haciendo que el tiro nos salga por la culata.
Vía: http://elcomercio.pe

¡HECF!

Cortesía de Rudy

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