2014

Impunidad, peor mal que la corrupción

impunidadJosé Saramago relata en Ensayo sobre la ceguera, como un grupo de individuos ciegos son confinados en un espacio que no tarda en convertirse en un muladar. Están rodeados de su propia inmundicia. Lo saben pero no lo ven. Lo saben, pero no les importa. Caminan entre la mierda propia y ajena, indolentes, resignados, cabizbajos. No encuentro mejor analogía para describir por lo que está atravesando nuestro país en estos momentos.

Cualquiera pensaría que la corrupción es el peor de los cánceres. Que utilizar el poder en beneficio propio se ha vuelto una costumbre que está destruyendo y explotando al país al punto de consumirlo. Pero no, ser víctima de corrupción no debilita el espíritu. En cambio la impunidad es otro cantar. Saber que no importa cuántas atrocidades pasen, en nuestro país la justicia es una diosa callada e indiferente, de la que todos hablan pero nadie conoce. Eso si desgarra la esperanza. Víctimas de homicidio, robo, enriquecimientos ilícitos, mafias, violación de garantías, tráfico de influencias. Un 80% de esos delitos saldrán bien librados. No se encontrarán culpables, no llegará castigo.

Pero la sed de justicia no se sacia, la buscamos por mano propia. La impaciencia, la indignación y el saber que no tienes qué perder porque ya no tienes nada, nunca ha sido una buena combinación. Culpo pues a la impunidad de la violencia en las manifestaciones, del nacimiento de autodefensas, del crecimiento del crimen organizado, de los funcionarios coludidos con este último. La certeza de que no llegará castigo es lo que está corrompiendo desde las entrañas a nuestro país.

¿Y qué causa impunidad? Instituciones obsoletas, funcionarios incapaces de desempeñar su labor, procesos deficientes. El día en que el Estado sea capaz de garantizar impartición de justicia certera, pronta e imparcial, habremos dado un gran paso al combate de los demás males que aprisionan al país.

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