2014

Soy una Puta

victorianaHace algunos años, allá por la época victoriana, la rígida moral comenzó a asociar el maquillaje como un signo de vulgaridad propio de cortesanas y prostitutas, y por ese motivo, ninguna mujer que se considerase elegante y decente debía utilizarlos.

¿Te imaginas que por el sólo hecho de ruborizar tus mejillas o acentuar tus labios eras considerada vulgar y prostituta? No, no estabas expresando tu belleza, estabas incitando, estabas provocando. La gente, mujeres y hombres dirían “¡Miren a esa chica indecente con la cara maquillada!” Eras objeto de desprecio, de ofensas y proposiciones indecorosas, porque tu maquillaje lo decía todo: Tú… Tú eres una puta.

Afortunadamente los tiempos cambian, desafortunadamente nuevos estereotipos vienen a remplazar a los anteriores. Hoy en día se nos juzga por utilizar jeans ajustados, faldas cortas, escotes. Según la ideología corriente, tú como mujer lo que quieres es llamar la atención, provocar, incitar. Se nos pide tener sentido común diciéndonos que parecemos putas si utilizamos algo de lo anterior. Así como de ridículo era ser vulgar por utilizar maquillaje, así de ridículo me parece llamar a una mujer “puta” por utilizar falda corta.

Si lo defiendes, entonces aparte de puta, eres feminazi. Muy tristemente leí un comentario que decía “¡Mujeres, el respeto se gana!” por supuesto, fue otra dama quien lo hizo. O sea que no por simple hecho de ser humana me hace acreedora de respeto. Si soy mujer, me lo tengo que ganar. ¿Es neta? ¿Debo vestir adecuadamente para “merecer respeto”? Yo creo que no. Creo que no agredo a nadie si decido utilizar escote. Entonces merezco no ser agredida ni acosada. Y mucho menos juzgada.

No se trata de ser reprimidas, se trata de ser respetadas. De sabernos valiosas independientemente de que tan ajustada o corta está mi ropa. No perdamos de vista el ejemplo victoriano. Ahora lo sabemos, usar maquillaje no define que tan indecente, vulgar o indecorosa soy. Tampoco lo hace mi ropa. Como tampoco un tatuaje define a un delincuente. Los estereotipos nos ciegan y nos limitan como sociedad. Lucha contra ellos. Si eres hombre, si eres mujer no importa. Nos dañan por igual y restringen nuestra libertad.

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