2015

Chéquelo, no viene caducado

24139-ambulate_camin Fernando es un estudiante de dieciséis años, decide ver a su novia el jueves por la tarde. Hace todo lo posible por reunir un poco de dinero para el pasaje, trae poco más de lo justo para invitar a ella un helado. Tiene la cara infantil que muestra la inocencia en sus ojos y en su piel. Se ha bañado y usa la loción de su papá.

Toma el camión para ver a su chica que vive a una hora de él, se sienta detrás del chofer. El camino sigue, un vendedor de rosas hechas a mano ofrece a los transeúntes del camión, diez pesos tiene el valor del objeto. Fernando se le hizo un bonito detalle darle eso a su novia en vez del helado. Compró la rosa, contento iba por la pequeña sorpresa que le tenía a ella.

El tiempo sigue su transcurso y a unos cuantos metros sube un vendedor de chocolates. Un tipo con la piel tostada por el sol, usa una playera sin mangas de color negro, va pasando entre la gente y les ofrece el producto con el discurso “antes que nada no rechacen el chocolate, chéquenlo, no viene maltratado ni mucho menos caducado”. Pone en sus manos el bubulobu aun frío pero tocado por muchas personas antes. Fernando ya no compró el chocolate.

El camión sigue avanzando mientras todos los pasajeros piensan en sus vidas, en lo que pasó y en lo que vendrá. Miran a através del cristal, ven el paisaje urbano; banquetas con pastos crecidos, perros librándose de ser atropellados, gente cruzando avenidas, paredes con grafittis, calles llenas de basura y un ambiente coloreado de sepia.

Anonados por el trayecto, sus lecturas, la música, las pláticas entre amigos sube un payaso que toma al hombre más próximo para utilizarlo de patiño y decir “ahora no me conoce pero en la noche…” con una expresión coqueta y gay. Pasa el payaso a pedir dinero y dice “no importa si no tienes dinero es mejor una sonrisa, pero no todos porque de sonrisas no pueden comer mis hijos.

Fernando le da un poco de dinero al payaso. En la siguiente parada subieron un par de hombres con una voz gruesa e intimidante, dijeron “Dinero, cadenas, celulares. Guárdalos, porque hoy no venimos a robarte. Mira, nosotros venimos del reclusorio. Mira, nosotros si quisiéramos te robamos. Mira, ahora honestamente te pedimos una moneda…” Después de su discurso colocan la mano estirada enfrente de cada pasajero.

No la quitan hasta que les den algo. Fernando dió otro poco de dinero del que tenía, pasaron los hombres que emanaban su olor a suciedad y drogas.
La gente asustada suspiró después de que bajaran los hombres, Fernando estaba preocupado porque ya no contaba con mucho dinero. Por un momento se acordó del aumento del pasaje el metro, ayudaría a quitar a lo ambulantes, pero estos para él no han desaparecido, siente que han aumento ahora en los camiones. “A algún sitio debieron ir, no existen hoyos negros que se los trague y acabe con el comercio informal”. Se dice así mismo.

El tiempo sigue, estaba atardeciendo, el viento soplaba sobre las cabezas de niños que salen de la primaria. A diez minutos suben otro par de hombres al camión para su mala suerte de los pasajeros, traían el mismo el mismo discurso de los hombres anteriores, la misma técnica de intimidación. Al final del discurso ponen su mano estirada frente a la cara de los pasajeros.

Fernando tuvo que dar sus últimas monedas extras. Los hombres bajaron satisfactoriamente con el dinero de cada uno de los pasajeros. La gente solo podía respirar de una manera molesta, el chofer seguía sin impedir la subida a cada vendedor. Además vió a otro de sus compañeros camioneros en la avenida y comenzaron a tratar de rebasar uno al otro. La gente les hacía la parada, pero el chofer a toda velocidad sin importarle que traía a personas quería alcanzar al otro camión.

Cada cambio de velocidad la gente se iba con la inercia, el copiloto sentado en un banquito al lado del chofer, pide a la gente que suba rápido, mientras ascendía apenas se podían sostener. Un señor al momento de frenar el camión casi cae al suelo. Fernando tuvo que ayudarlo a incorporarse de nuevo y le cedió el asiento.

Ya estaba cerca de la casa de su novia tan solo unos minutos, a punto de liberarse de ese tormento del camión y su chofer. Subió primeramente un tipo con una playera verde y se coloca en la parte de atrás del camión. A otros diez metros adelante sube otro hombre y grita “No se pongan nerviosos, saquen sus celulares, su dinero de manera tranquila y ordenada porque esto que ven aquí es una fusca y quien intente hacerse el héroe los carga la chingada”.

El hombre de de verde que subió primero comienza a pedirle a la gente sus pertenencias “Este hijo de chingada quiere guardar su celular, enséñale la pistola que es de verdad” Se acercó lo miró a los ojos y rápidamente el señor que intentó esconder su celular, se lo dio.
Una mujer llevaba unos aretes de oro “¡Los aretes!” le ordenaron a la mujer, ella torpemente quería quitarse sus alhajas pero le comían los nervios, sus manos no responden.

“¿No puedes pendeja? pues te los quito con todo y oreja”, tomó sus dos aretes de la mujer desgarrandole el oído, la gente comenzó a asustarse más, estaba en un estado de shock y Fernando también, pero el acto le dió mucho coraje, la sangre le hervía, apretó los dientes y los puños, se avalanzó sobre uno de los hombres, después fue impactado por una bala. Los asesinos pidieron al chofer que parara el camión y se echaron a correr.

Fernando quedó tendido en el piso, la bala atravesó su cabeza, la destrozó quedando irreconocible. La gente no sabía que hacer, los gritos de desesperación se hacía más impotentes y desgarradores, todos se contagiaba de ello. Terminaron por berrear de la misma manera. La sangre recorría en el suelo del camión, el olor de la carabina aun estaba presente al igual que el aroma de la muerte de Fernando que quedó ahí como un héroe sin gloria con una rosa de tela en la mano.
No hubo detenidos.

Via: http://ignesscientiae.com/

Cortesía de Lucía Bata

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