2015

Los Niños Sicarios Mexicanos – Víctor Manuel Reyna

Un panorama nada prometedor. Vía: ignesscientiae.com

niossicariosLa realidad mexicana nuevamente nos golpea, los resultados de las investigaciones realizadas por Elena Azaola, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, no son para nada prometedores. Las entrevistas realizadas a 278 menores detenidos por delitos graves en Coahuila, Sinaloa, Morelos e Hidalgo, nos hablan de un proceso trágico en donde la niñez mexicana también se ha podrido periódicamente a niveles tan preocupantes como el de los adultos.

Los datos presentados por la investigación refieren que de los casos observados, un 47% de los menores abandonaron sus casas y el 12% de estos se vio obligado a vivir en la calle. El 41% asegura haber sufrido violencia constante durante su infancia, el 37% afirmó no haber recibido ninguna ayuda, el 14% ya no confía en nadie; de los delitos más frecuentes por los cuales se procesó a los menores figuró el robo con 35% y homicidios con 22%.

El INEGI por su parte contabiliza a 12 mil adolescentes acusados en 2013 por cometer algún delito, de los cuales 7 mil cometieron delitos leves. El trabajo realizado por Elena Azaola registra a 5 mil jóvenes detenidos por delitos graves, de modo que al hacer un contraste con la cantidad total de jóvenes entre los 14-28 años de edad existentes en México —10 millones— notamos que la cantidad de jóvenes ahora delincuentes es por lo menos escalofriante.

La investigación señala que los grupos criminales liderados por “El Chapo” Guzmán, son de los principales reclutadores de niños, sobre todo en el estado de Sinaloa. Aunque existen casos en donde la manera de atraerlos a su causa ha sido por la fuerza, también se muestra un perfil preferente; si el niño está en condición de orfandad, sobre todo si a este le mataron a los padres, funcionaba mejor por mostrar a partir de este hecho, extrema insensibilidad, pues si a sus padres les arrancaron la vida, no hay razón para que el niño se preocupe por la de los demás.

La investigadora sugiere ridículo tener penas de 20 años para adolescentes, pues los estudios muestran esto como lo peor que le puede suceder en la vida a un menor, ya que encerrarlo a los 15 años y sacarlo a los 35, supone arrebatarle su vida de enseñanza y productividad juvenil en donde un joven debería a esa edad, estudiar, trabajar así como aprender valores útiles para la sociedad. Este hecho se hace notar en las declaraciones de los niños, pues una parte importante afirma no tener sueños ni aspiraciones al salir de prisión.

Los móviles personales de los niños para incluirse en las prácticas delictivas de los cárteles, apuntan a un resentimiento hacia sus padres y la sociedad. El 47% señaló abandonar su casa por diferentes periodos, casi siempre por la separación o violencia entre progenitores, el 62% dijo que sus padres se separaron, un 22% nunca vivieron con su padre ni tuvieron siquiera la oportunidad de conocerlo, 49% de estos dijeron tener medios hermanos y el 43% declaró tener a un familiar con antecedentes penales.

El perfil escolar de los jóvenes también es interesante. El 78% de los adolescentes de este estudio tienen entre 16 y 18 años de edad, 8% entre 14 y 15 años, 52% cursaron la secundaria —algunos no la terminaron—, 30% la primaria —unos no la completaron—, 17% tenían una carrera técnica o preparatoria. Al 30% no le gustaba la escuela por ser aburrida o nada interesante, 21% no pudo continuar sus estudios por problemas económicos, el 62% dijo que en su escuela los más grandes abusaban de los pequeños.

Estos datos hablan de un proceso en el cual debido a la violencia y desatención de los padres, ya existía de alguna manera un desinterés por las cuestiones académicas como también falta de voluntad para ir a la escuela debido a los problemas de abuso escolar, ambiente en donde estaban expuestos a la ley del más fuerte, algo que si bien es natural en cualquier entorno, para ellos es aún más pronunciado pues lo viven en casa, en la escuela y en su misma ciudad con el crimen rondando sin control.

Una de las dudas más apremiantes sobre el futuro de estos jóvenes es si al llegar a la etapa madura —momento en que cumplen su condena y deben ser liberados— ¿Será seguro tener libre a un adulto con tales antecedentes? Es evidente que la prevención deberá ser la apuesta más grande para mejorar la situación, pues si se logra evitar en alguna medida tanta violencia y despreocupación hacia los niños, entonces habrá mejores posibilidades para reivindicarlos, en adición, el mismo estudio señala lo catastrófico que es para un joven una condena tan grande, no obstante ¿Debería reducirse la condena?

Un joven con un historial criminal tan delicado como es haber secuestrado o matado a alguien ya habla de un proceso de descomposición avanzado en ese ser humano, por lo tanto mantenerlo fuera por el simple hecho de ser adolescente no es una opción, entonces cuánta condena sería pertinente implementar de manera que no se pierdan los años más útiles de esa persona.

Si el pronóstico es un posible rescate de ese individuo como ser útil para la sociedad, entonces sería necesario implementar técnicas y formar profesionales más capacitados en ese problema específico, si bien no son pocos los jóvenes en esta situación, tampoco son una cantidad imposible de cubrir empleando los recursos y programas de reinserción adecuados, las cuestiones serían los métodos y atenciones requeridas para poder ver atendida esta necesidad. Aunque es un tema muy complejo cuando se habla de niños criminales, por lo menos hay una cosa segura, necesitan ayuda.

¡HECF!

Cortesía de Víctor Manuel Reyna

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