2015

La belleza frente al espejo

Poco se sabe
Yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos.

Juan Gelman.

mujer-en-el-espejo5 Su mirada desafiaba al pesimismo y tenía una sonrisa de luna menguante brillando sobre el mar, pero no lo sabía.

Vivía pensando que la belleza existía si la aprobación general lo manifestaba, ¿y quién no? En tiempos en que Donald Trump a través de un concurso te dice quién es bella y quién no lo es, todos buscamos aprobación.

Había olvidado el tiempo en que escuchaba un “¡Que guapa!” y sonreía, de tanto escucharlo le pareció vacío, inexpresivo, común, como un “buen día” que se dice a cualquier extraño, sin importarnos en realidad cómo será su día.

Se pensaba normal, y en día felices bonita, nada más.

Ese día, sin embargo, llegó a casa, estaba cansada pero no tenía sueño, se sirvió una taza de café y bebió sosteniéndola con las dos manos, sintió el calor de la bebida en sus dedos y en sus labios. Sonrió. Pasó frente al espejo y se miró de reojo, se paró frente a él y decidió que era hermosa.

Vio el brillo de su propia mirada, el cabello caía sobre sus hombros, se había desechó la coleta para estar más cómoda, calzaba unas pantuflas gastadas, pero eran las favoritas por cómodas. Se quitó el suéter y se vio de cuerpo completo, el cliché de las manos en la cintura, las manos cruzadas, una mano en el cabello, y se imaginó fotografiada, se gustó. Recordó los celos de su novio al ver las miradas de otros, se supo atrayente, se supo hermosa.

Lo mejor de todo fue descubrirlo, ahí en el espejo, arreglada solo para ella, con sus pantuflas gastadas, su suéter con mangas larguísimas, su cabello despeinado y sin maquillaje. No lo descubrió cuando se arreglaba para alguien más, sino siendo ella misma, para ella misma.

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