2015

Mi perro, mi mascota

perrosYo nací como casi como nació Jesusito nuestro señor, son la sagrada familia rodeada de animales de granja. Luego la vida me llevo por otros rumbos, a la ciudad propiamente, donde los animales se reducen a las mascotas que puedes tener: gallos, perros, gatos, conejos, serpientes y ardillas. Esas han sido mis mascotas a lo largo de mi vida. Los que más cariño me merecen son los perros, he tenido de raza y los perros “taqueros”, esos que por callejeros en cualquier puesto de tacos te los encuentras. No rescato animales, una vez atropelle a dos cachorros, que estaba cobijados detrás de la llanta del carro, di reversa y los apachurré, uno estaba vivo pero el veterinario le dijo cran. Fue triste escuchar como lloraban, pero lo superé muy pronto.

Deje de tener perros cuando compre casa, apenas me alcanzo para una pichonera, es de esas que cuentan en los chistes, así que poco espacio no iba darle a un perro de raza grande, pero le regalaron a mi hijo un perro que parece juguete, es un french. Nos encariñamos, duerme dentro de la casa, juega con los niños, sale a pasear y a la playa. Lo tratamos bien pues. Así es mi cariño con él. No es parte de mi familia, es una mascota, que por cuestiones del clima lo dejo viva dentro de casa, nada más. Ni en la más fea representación que tenga de mis hijos los equipararía con un perro, así pienso yo, aclaro, así pienso YO.

Admiro y respeto a quienes ven a sus mascotas como parte de su familia, desde mi miope punto de vista, la mayoría son personas que no han tenido un hijo propio, algunas otras, pocas no, nunca lo sabré, son meras suposiciones. Hay quienes tratan a sus mascotas/hijos, mejor que a la gente, a los meseros, taxistas, boleros, etc. De verdad, he visto como a un mesero le hacen caras y gestos, si a su juicio se tarda más, y he visto como un perro los trae vueltos locos y el mesero es el que recibe el enojo. Cada quien su vida y actitudes, respeto a las personas que así aman a sus mascotas.

Pero, también respeto a aquellas personas que ni siquiera son capaces de sentir cariño por los animales, o que sintiéndolo creen que son parte de un engranaje y tienen una función, resguardar entretener o alimentar. Independientemente de que comparta o no su postura, entiendo que puedan pensar así. En el rancho no dejas de darle cariño al caballo que montas, al buey que guía la yunta, a la vaca que ordeñas y que luego haces bistec, no deja de darte ternura el corderito recién nacido y los brinquitos que da apenas toca el suelo y se siente firme, pero tienen un objeto: alimentar.

Yo no veo ninguna diferencia entre un cerdo, un delfín, una res o un gato, para mi son animales, y si uno come carne de res, no tiene moral para exigir que se dejen de comer a los delfines o a los perros.

¿Por qué utilizamos a los animales? Existen muchas respuestas, pero la más pragmática es “porque podemos”, a fin de cuentas somos parte de esta cadena alimenticia, de este mundo en el que si no existe el hombre existiría otro ser dominador.

Admiro y respeto a los que “aman” a sus animales, respeto y también admiro a aquellos que hacen un trabajo que yo mismo no podría hacer, cortar en bistecitos a un animal. Y siento felicidad, mucha felicidad por aquellas personas no polarizadas, que creen que una mascota es eso, un animal domesticado por el que se puede sentir cariño.

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