2015

¿Alguien creyó en la verdad histórica sobre #Ayotzinapa?

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Hola, me gustaría compartir con ustedes esta nota de la columnista María Teresa Priego de La Silla Rota. Es una excelente lectura, pero me quedo particularmente con su ultima reflexión:

Contra la mascarada: la empatía activa. La empatía y la solidaridad nos unen y nos salvan. No son palabras en el aire: La posibilidad de vivir/sentir/padecer con y junto a los otros es la más indispensable de las emociones humanizantes. El comienzo de toda salud emocional. La antítesis de toda maquinaria de destrucción. La suma de miles y millones de corazones/inteligencias/activismos empáticos y dispuestos a exigir Verdad y Justicia, es nuestra arma más potente contra la brutalidad de los caudillos del silencio. A ellos su infame deshumanización. A nosotros, que sus crímenes no queden impunes. A nosotros, que nunca más.

Aquí parte de lo que comenta:

La dolorosa marcha de los paraguas

Sábado 26 de septiembre 2015. A un año de la desaparición forzada de los jóvenes estudiantes de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, las madres, padres y familiares de los desaparecidos convocaron a una marcha. Memoria y denuncia. Justicia. Un año ya de esa interminable noche trágica en la que los jóvenes, y más tarde algunos de sus maestros que acudieron a apoyarlos, fueron perseguidos, acosados, cercados, baleados. Heridos. Asesinados. 43 de ellos desaparecidos.

También fueron acosados los integrantes del grupo de futbol Avispones. Asesinada una señora que pasaba por allí en un taxi. El absurdo. Sádico. Mortífero. El cuerpo de Julio César Mondragón tendido en el pavimento. Torturado y con la piel de su rostro arrancada.

No es, ni será cuestión de olvidarlos. El cielo está cargado de nubes y traemos el corazón cargado de indignación, de enojo y de pena. Y una certeza: caminamos hacia la verdad. La verdad llegará, lenta, pero firme.

Marchamos –esta vez- después de la lectura de las más de 500 páginas del informe: “Ayotzinapa, investigación y primeras conclusiones”, entregado por El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), nombrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, después de seis meses de trabajo. “Los muchachos no fueron incinerados en el basurero de Cocula”, concluyen. Y nos explican con detalle por qué esa incineración masiva de los cuerpos es más que imposible.

El informe es la minuciosa reconstrucción de los hechos minuto a minuto. En dónde estaban a cada momento los autobuses de los jóvenes, cómo les detuvieron el paso. Cómo los autobuses se separaron. Cómo los atacaron. Sangre. Confusión. Huida. Caos. No es, ni será cuestión de olvidar los niveles de barbarie que estallaron en esa interminable noche de acoso y de violencia. ¿Cómo podríamos? La fragilidad de los jóvenes ante una horda armada. Las llamadas, pidiendo ayuda. La desesperación de los muchachos por huir y regresar a su escuela.

Ellos no llegaron a dañar a nadie, el plan se reducía a tomar autobuses para transportarse (junto con sus compañeros de las otras normales rurales) a la marcha en conmemoración del dos de octubre en la Ciudad de México. No se puede llamar “desproporción” a la respuesta monstruosa que recibieron. Los caudillos del silencio alistaron sus botas y sus armas (parafraseando a Paul Celan) y salieron a cazarlos. Irrumpieron en la noche a la caza de jóvenes desarmados que lo único que podían hacer para defenderse era recoger piedras en el camino. Nombrase entre compañeros. Intentar mantenerse unidos.
Nota completa: lasillarota.com

¡HECF!

Cortesía de Ryta

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