2017

Mi primera vez

El sol comienza a ocultarse y la habitación poco a poco oscurece. Enciendo la lámpara del buró y nuestro espacio se ilumina con su sonrisa. Esa chispa en sus ojos, esa mirada con cierto brillo coqueto me encanta.

Estamos aquí, juntos después de nuestras pequeñas batallas de desconfianza, por eso me siento victorioso.

Preparé un poco de música, pero los nervios no me dejan encontrarla ahora, así que elijo al azar. Mientras tanto miro hacia la cama y la veo tendida con su vestido de flores y no puedo evitar recorrerla con la mirada, sus pantorrillas delgadas pero firmes. Me ve observándola y flexiona su rodilla, mueve nerviosa sus pies y sus dedos alargados bailan nerviosos.

-¿Qué tanto me ves?- Pregunta sonriendo.

Quiero decirle que veo la utopía hecha realidad, pero solo alcanzo a responder:
–Nada- y me recuesto junto a ella.

***
“Ven aquí, no sabes cuánto te espere/ las noches que no me dormí/ no sabes que es morir después de estar borracho y solo por ti…”- suena en la pequeña bocina.
***

Mi corazón palpita nervioso, me acerco a ella buscando su boca. Me tiende un abrazo y nos entregamos en un beso apasionado.

Acaricio sus muslos por debajo de su vestido, mi mano tiembla al sentir esa piel suave y tibia.

Ella se estremece un poco y muerde mis labios.

Mi excitación es notoria, quisiera en ese momento tomar su entrega y perderme entre sus piernas, pero espero.

Se sube en mí y se va quitando el vestido, la tomo de la cintura e intento besar sus senos, pero me detiene, termina de quitarse el vestido y desabrocha su sostén, sus senos libres se esconden tras su larga y caótica cabellera, levanta sus manos para acomodarse el cabello en una coleta improvisada y acaricio con la mirada sus senos pequeños, los busco con las manos, mis dedos rapaces toman esa carne protuberante y la llevan a mi boca, alimento mi fuego en sus senos y mordisqueo suavemente hasta llegar a sus pezones, mis dedos se entretienen con suaves pellizcos en uno de sus senos, mientras mi boca aprisiona esa delicada cima entre los labios.

Rodamos en la cama y quedo sobre ella, nos besamos mientras acomodo mis manos en sus cintura y siento su pelvis apretujarse contra la mía, su manos buscan mi dureza y mi boca muerde su cuello, sus hombros, sus senos todo lo que este a su alcance, la escucho gemir quedo mientras mi mano acaricia su entrepierna, su humedad impregna mis dedos. La despojo de sus pequeñas bragas, mi mano sube por los muslos y acaricio su pubis y llego a esa frontera, donde inicia el acceso al paraíso. Froto despacio y delicadamente su clítoris, mientras nuestras lenguas se entregan en un ritual de espadas y fuego.

Mis dedos se mojan en su entrepierna, gime y aprieta las piernas. Entonces me decido a probar con mi boca la miel de su deseo y mi lengua se entrega, recorre su entrepierna y mis labios atrapan esos otros labios prohibidos, entra la lengua y se embriaga de ese dulce-amargo sabor, gime y pide que pare, quiere todo de mí. Toma mi dureza y la guía a su entrepierna.

Entro despacio, disfruto esta primera vez, sus piernas abrazan mi cintura cuando estoy completamente dentro y nos quedamos inmóviles por un momento. Después el frenesí, la locura, la lujuria entre la sabanas se desata, manos avaras, carne suave, gemir, dientes, uñas, piernas, labios, boca, cabello… dos cuerpos entregados.

No escucho la música, siento su aliento en mi oído, murmura algo que no entiendo, sus manos acarician mi espalda. Suaves espasmos van tranquilizando ese huracán en el que se convirtió. Arquea su espalda, una danza tranquila que se va apagando hasta quedar quieta y sonriente, nuevamente.

¿Su nombre? Lo olvidé.

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