
Hace un par de semanas salí de vacaciones, en el camino de regreso pase por una playa donde estaban unos amigos que me habían invitado a vacacionar, decidí quedarme un par de noches más ahí, la playa es una de las muchas que hay en México, muy popular y accesible para todos, donde el traje de baño oficial es una playera y un short de su equipo o partido político favorito, donde en vez de camastros y palmeras las playas se llenan de sobrillas multicolores y mesas de 4 sillas de plástico que se rentan, donde vendedores ambulantes ofrecen las más variadas y diversas mercancías y servicios, lo mismo se encuentra un muñeco con paracaídas hasta masajes con final feliz –igualito que las playas del DF, pero estas si están en la costa y el agua es salada natural- Y como aun no comenzaba la temporada vacacional pensé que el lugar iba a estar relativamente tranquilo. ¡Oh sorpresa!
Al entrar me recibió una enorme fila de autobuses, en ese momento me di cuenta de había de todo, menos tranquilidad.
Pues me instale y nos fuimos a la playa, al meterme siento que piso algo, me agaché y lo levanté, era el estuche de un disco –pirata, obviamente- lo saqué y lo puse cerca de mis cosas para tirarlo en un bote, al rato siento que me pasa algo por la pierna y de nuevo lo agarro y era una bolsa de plástico, igual la saqué, y como siempre nunca aprendemos a la primera voy de nuevo y ya me fui a una parte más profunda y comencé a nadar, me sumerjo y me pasa por la cara algo que logre agarrar y resulto ser un ¡¡PUTO PAÑAL, HAZME EL CHINGADO FAVOR!! ¡¡No mamen!! Ya me salí emputado con el pañal en mano, recogí lo que había sacado anteriormente, camine cuando mucho 30 metros donde estaba un bote de basura y entonces puse atención a la playa y vi que toda, absolutamente toda estaba llena de basura, tanto de los paseantes como de los vendedores -que son los que principalmente deberían de cuidarla, ya que de ella viven- en eso, frente a mi veo que un señor de uno 50 años tira un envase de cerveza, y le digo “oiga, aquí está el bote” mas a fuerza que de ganas la levantó y la llevó al bote.
















Hoy me desperté tarde. Eran ya las 10 de la mañana, dos horas después de lo que estoy acostumbrado levantarme en estas vacaciones. Me dormí en el sillón de la sala justo enfrente del clima, el cual rezaba brindar un ambiente de 17ºC. Tenía todo el cuerpo helado, así que tomé el control y lo apagué. Me dirigía hacia la calle, simplemente para ver “que onda”. Ni siquiera llegué a la banqueta. Abrí la puerta de mi casa y me alcanzó una corriente de aire caliente en la cara. Le eché agua a las plantas, y realicé que ya estaba sudando. No mames. Sin pensarlo más, entré a la casa y prendí de nuevo el clima. Pinche calor. Aun recuerdo esas mañanas de verano frescas en las que hasta gusto me daba salir y hacerme wey en la calle. Ahora las mañanas, a menos que este nublado, a partir de las 10 se vuelven el mismo infierno que a las 3 de la tarde. Y dudo mucho ser el único que se queja.
