Fué en los campos polvorientos de futbol llanero dónde lo vi jugar por primera vez, un jovencito de 15 años, de aspecto agradable, delgado y de estatura regular, pero con una habilidad increíble para “mover” el balón.
Muy pronto a su corta edad se ganó el apodo de “Ratón”, por lo escurridizo que era al momento de encarar a un enemigo, su fortaleza en el “mano a mano”, y su potente patada contrastaban enormemente con su complexión atlética, era una verdadera odisea tratar de quitarle el balón.
Parecía que su destino estaba marcado para cosas grandes.
Cuándo asistió a aquel campeonato nacional sub-18 en la ciudad de Zacatecas, fué considerado el mejor jugador amateur de México nacido en 1990, asombró a propios y extraños por sus habilidades, y representantes de varios equipos profesionales se lo disputaban.
Muchos creíamos que su futuro estaba asegurado con el club Guadalajara, el equipo con predilección por jugadores mexicanos y que debuta jugadores a muy temprana edad.
Pero el destino es incierto, uno de los responsables de conseguir para México el primer campeonato de futbol en un torneo oficial de la FIFA lo entrevistó, para éste entonces esta persona tenía lazos con el club Cruz Azul.
Con la promesa de futuras convocatorias a selecciones juveniles si firmaba, y un atractivo sueldo lo convencierón, aquél chico mal comido, y sin entrenamiento alguno, ya con todas las facilidades sería un terror en el area, pensábamos.
Sin embargo las cosas no fueron así, después de un tiempo aquél equipo técnico que amparaba al chico decidió cambiar de aires, para irse a dirigir al club América.
En los entrenamientos el chico dio muestras de calidad y buenas hechuras, en unas vacaciones que tuvo lo encontré, — Estoy dentro— me dijo, —- Solo tengo que ir a firmar en dos semanas, jugaré en el equipo sub-20 por mi edad, y en la primer oportunidad al primer equipo.













