Te escribo estas líneas para que sepas que estoy viva.
Te escribo lentamente porque sé que no sabes leer de prisa.
Si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo.
Tu padre consiguió un trabajo muy bueno; tiene 500 personas bajo su cargo… cuida el cementerio del pueblo.
No vas a reconocer la casa cuando vengas, porque nos mudamos.
Fíjate que a tu tía Rosa le pasa al revés que a mí: ella cuando toma café no puede dormir; en cambio yo, cuando duermo no puedo tomar café.
¿Sabes? finalmente enterramos a tu abuelo, encontramos el cadáver ahora con todo esto de la mudanza, estaba en el armario, desde ese día que ganó jugando al escondite.
Lamento decirte, hijo, que la semana pasada tu padrino se ahogó en la destilería en un tanque de brandy. Varios hombres trataron de salvarlo pero luchó valientemente contra ellos. Tardaron tres días en apagar el fuego cuando lo cremamos.
Hoy tu hermana Julita tuvo un hijo, pero como todavía no sé si es nena o nene, no sé si llamarte tía o tío.




