El verbo vencer (1) tiene diversas connotaciones , entre las cuales está sujetar, derrotar o rendir al enemigo; superar las dificultades o estorbos y, dicho de una persona, el reducir a otra de modo que sigua su dictamen o su deseo.
Por lo tanto la palabra “vencidos”, cumple la función de participio adjetivo plural, y se aplica a aquellos que son derrotados, aventajados, que no superan las dificultades, y que son reducidos de modo que siguen los dictámenes de los vencedores.
Podemos sentirnos vencidos o no; sin embargo, esta palabra tiene un sentido preciso, pues en ninguna de sus connotaciones hace referencia a la subjetividad del individuo, es decir; si nos doblegan para ejecutar la voluntad de otro, hemos sido vencidos, sin ahondar en como pretendemos presentarnos a nosotros mismos las circunstancias para no sentirnos derrotados, pues este adjetivo es el que implica el concepto de estar deprimido y tener el ánimo vencido, según el diccionario ya citado.
Así las cosas, no podemos más que afirmar que todas las veces que reducen nuestra voluntad (es decir, a través de la fuerza, sea esta la fuerza de las armas, de la autoridad o de la rutina) nos han vencido; todas las veces que se nos impone un estilo de vida que no nos parece, o que caemos en los juegos falsos de las apariencias sociales, o bien que estamos forzados a realizar actividades que no nos satisfacen, estamos vencidos. Por supuesto que buscamos racionalizar esto y decir que la necesidad de sobrevivir, de progresar y de salir adelante es lo que nos impone estas obligaciones y que, por tanto, el poder entrar en ese juego es vencer. Incluso otra de las connotaciones de la palabra vencer es sobreponerse a las emociones y pasiones y sujetarlas a la razón. Pero a esto hemos de responder, ¿la razón de quien? porque si asumimos que sólo podemos sobrevivir al entrar en ese juego de la rutina, de las falsas apariencias, del consumo, de la búsqueda de más recursos económicos, entonces quiere decir que todas esas racionalizaciones no provienen de nuestra reflexión, sino que nos han sido impuestas, y que han reducido nuestra razón a la razón de los demás. Y en ese sentido, no estamos más lejos de aquella jauría de perros donde sólo el primero que ladra sabe por qué lo hace, pues sólo el que impone sus condiciones, el vencedor, sabe por qué nosotros hacemos las cosas.













Diez razones por las que el Peje es un peligro para (ese otro) México:
El día de hoy me puse a pensar (cosa que ocurre cada ciclo lunar) y me gustaría compartir con ustedes esta pequeña reflexión.



