Conozco a una persona, aunque no de muchos años, que cada que lo veo no puedo evitar pensar “Don Miguel sería muy buen presidente de la República”. Por desgracia no está afiliado a ningún partido y dudo siquiera que le guste la política. Es un hombre de cincuenta y cuatro años, trabajador, responsable y honesto. Lo he visto resolver enfrentas dando voz a ambas partes, y después con un juicio sabio por los años, ofrecer una solución viable, práctica y sobre todo justa.
Entonces me pregunto, ¿qué cualidades necesita México como nación, como sociedad y como patria para ser dirigido? Y es ahí cuando la lista es interminable. Los académicos querrán que sea un erudito en las ciencias políticas, administrativas y económicas. Que lea por lo menos unos quince libros al año. Que hable tres idiomas, preferentemente un inglés fluido. Que tenga al menos un doctorado o mínimo una educación en escuelas prestigiosas.
Los empresarios quieren a un presidente que sea visionario, que no sea débil a la hora de la toma de decisiones, sin embargo lo buscan manipulable abierto a ser aconsejado, y qué claro, sea un tanto ambicioso para llevar a México al primer mundo. Los estudiantes, se inclinan por quien asegure educación y empleo. Los sectores desprotegidos de la nación, claman por uno populista y paternalista, que tenga siempre a la mano programas sociales, que vele por las minorías, que sea humilde. Las señoras quieren uno guapo, bien vestido y que tenga buen ángulo en pantalla. Y en general se pide uno que sea honesto.
En los últimos días comenzamos a conocer los primeros 





