Yo no, hace mucho dejé de amar a mi México; y no ha sido por una razón sencilla pero tampoco por una razón compleja, simple y llanamente mi México me ha decepcionado en todos los aspectos: en la educación, en la política, la economía, las relaciones exteriores, el narcotráfico… TODO! ¿Pero quién tiene la culpa? ¿Los políticos, los ciudadanos, Andrés Manuel López Obrador?
NO! Yo, yo he sido el culpable de que mi país esté tan jodido como lo está hasta ahora y esta carta se la quiero escribir a todos aquellos mexicanos que escriben mal, que no saben redactar, que inclusive ofende su forma de expresarse; hasta hace poco todos ustedes me eran completamente repulsivos e imbéciles, siempre tuve una ácida crítica para aquellos que cometieran faltas de ortografía o que no supieran usar las mínimas reglas de escritura. Para todos ustedes siempre tuve la disposición en criticar…
Pero el problema está en mi, la falla siempre ha radicado en mi mente torcida que vive en Internet y solo conoce el primer mundo de la red; ese mundo al que todos añoramos y pocas veces somos capaces de alcanzar; no por incapacidad o estupidez, simple y llanamente porque nuestra existencia le resulta incómoda a nuestro gobierno.
Yo soy un ciudadano que quiere levantar su voz pero que no encuentra un foro dónde hacerlo, una voz que es acallada por aquellos que durante años han trabajado (honesta o deshonestamente) para conseguir un sitio de representación “popular”.

¿Tú crees que soy alguien que debe de ser tomado en cuenta por una susodicha cámara de Senadores, o Diputados? NO!!! Yo soy aquel que debe callar, acatar y asumir lo que esa gente cree que es lo correcto para mí. Ellos llevan años decidiendo qué debo comprar, como debo comprarlo y cuánto debo pagar por ello; ellos controlan mi vida.
Yo solo quiero poder tener un sitio dónde sembrar mi comida, dónde pescar o cazar mi alimento; yo que soy aquél a quienes mis amigos nombran como el “poco social” o el “amargado”; yo solo quiero vivir, trabajar y ver como mis músculos crecen y mi piel se broncea al trabajar en el campo, proveyéndole del sustento a mi familia.
No pido más, solo quiero mi pedazo de tierra para trabajarlo, cuidarlo, amarlo y alimentarme de él; quiero que mi hijo sepa lo que es “ganar el sustento con el sudor de su frente”; quiero saber que él será un hombre íntegro tal cual lo quiere ser su padre.
Es aquí, en estas escasas e ignorantes letras, donde quiero testimoniar mi deseo de vida; deseo ser un hombre íntegro y feliz que no busca el consumismo que los medios me quieren imponer, ni las imposiciones sexuales a las cuales me quieren obligar y menos aún al estilo de vida que me han sugerido por años. Yo solo quiero trabajar mi tierra, alimentar a mi familia e ilustrarme con los grandes pensadores que la historia nos ha regalado. ¿Es acaso una falta tan grande el querer vivir mi vida como yo quiero?

Todos los días soy bombardeado con información que me dice cómo debo vivir, qué debo comer, cómo debo actuar, inclusive, cómo deberé criar a mis hijos. Yo deseo errar por mis propias convicciones, fallar por mis errores y aprender de los mismos, ¿Es acaso eso demasiado pedir?
Si alguna vez has pensado esto, créeme que siento tu dolor y comprendo tus molestias; vivir inmerso en trabajos donde las personas no se preocupan de otras personas, rutinas de transporte donde, en vez de amar a tu prójimo, quieres estrangularlo de la forma más obscena y expetar una frase digna de cualquier película de Bruce Willis.
Deseo cambiar a mi México para poder heredarle un mejor país a mi hijo, yo no quiero que el se aleje de su tierra porque una serie de personas no encuentran para su plan “adecuado” que mi hijo sea un libre pensador, un hombre capaz de decidir por sí mismo o capaz de amar por sí mismo.
No quiero terminar mis días sabiendo que fui capaz de odiar más de lo que fui capaz de amar, me dolería enormemente saber que mis ansias de asesinar sobrepasaron a mis ansias de caridad; que el sueño de mis padres por que fuera una mejor persona se vio nublado por el absurdo deseo de alguien que responde a intereses no propios.
Probablemente te preguntes quién es el orate que escribe estas palabras… Mírame, soy la persona que va apretujada a tu lado en el metro, soy el que está delante de ti en la fila de las tortillas, soy el individuo que se cae en la calle y necesita de alguien que le tienda la mano para levantarme. Soy el chilango que está harto de vivir en la violencia diaria que le obliga a detestar a sus hermanos humano, también el tamamulipeco frustrado por no poder salir de su casa después de las once de la noche o el oaxaqueño que no encuentra otra forma de hacer escuchar su voz mas que cerrando centros históricos, desnudándome en las calles o volanteando afuera de tu escuela.
Soy tu hermano, yo sí quiero vivir en un país mejor que carezca de líderes, más bien que esté basado en el dialogo y la convivencia; no es cuestión de ellos o nosotros, más bien es ellos Y nosotros; todos juntos para lograr un bien común que beneficie a todos. Eso es el valor de mi querida y añorada democracia: La voz de todos, por todos y para todos.
Un líder jamás entenderá eso porque su mente está nublada por la psicosis del poder, creen que son los depositarios de la voz popular cuando solo deberían de ser los voceros de los deseos de algunos que se contraponen a los deseos de otros; él debería de ser el elegido para negociar, trabajar y conciliar; un partido político solo buscará el beneficio sesgado de algunos y el olvido de otros.
Yo no quiero ser olvidado, porque creo que mi sueño no hace daño a nadie; nunca buscaré el beneficio hurtando, asesinando, secuestrando, corrompiendo o violando, yo solo soy un hombre de ciudad que quiere valorar el trabajo duro, sostener a mi familia y hacer que la voz de mis hermanos sea escuchada. ¿Es acaso eso tan dañino para todos que debo callarme por siempre y no permitir que mi mente sueñe con esa belleza? Si es así, por favor, házmelo saber y jamás volveré a externar mi voz.
Tú eres tan importante como lo soy yo, mis hijos vivirán en el mismo mundo que los tuyos; no creo que seamos tan egoístas como para olvidar que habrán otros que heredarán el mundo que nosotros dejamos. El mundo es grande, tan grande, aún, que todos cabemos en él, podemos cuidarlo y heredarlo en prístinas condiciones.
¿Eres capaz de pensar en un mundo en el que todos quepamos, seamos escuchados y trabajemos para cambiarle? Espero que sí, porque ten por seguro que quisiera caminar a tu lado y ayudarte en todo aquello que pueda y deba ser mejorado. Me niego a permitir, de ahora en adelante, que uno de mis hermanos pase frío, hambre, guerra o tristeza solo por mi desinterés; no quiero ver de nuevo a un pequeño llorar por la ausencia de sus padres, por la guerra de intereses o por la indolencia de sus gobiernos.
La decisión está en mí, el poder está en mí y no en los gobiernos, partidos o líderes; solo quiero saber que no estoy solo y que por allí hay otras personas que también aman a su México; a ese pedacito de tierra que me vio nacer y que hasta en borracheras nos trae nostálgicos recuerdos de una vida que fue feliz.

Hazme el chingado favor!

Cortesía de MANNU

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