Desde hace un par de años mí ahora marido y yo nos vinimos a vivir Austin, Texas. Una empresa me contrató como publicista en una agencia de publicidad enfocada al Mercado hispano, así que con visa arreglada decidimos probar suerte en el gabacho.

Hace aproximadamente 2 semanas, llegamos a una agencia de coches después de haber visto un auto que nos interesaba. El vendedor de apenas unos 20 años, en un español pocho, nos dice: “Hola, ¿qué andan buscando?”. Aún no terminaba de decirle qué coche nos gustaba, cuando nos dice: “Usted se puede llevar el carro hasta con cero down hoy mismo, nomás tengo que hablar con el manejador (manager según él) para que les apruebe el crédito”. Nosotros le contestamos que primero queríamos saber cuánto costaba el coche para ver si nos convenía, su respuesta fue: “Bueno, pero se puede llevar el carro ahorita mismo con cero down, déjeme hablar con el manejador”. Una vez más le pedimos que nos diera el precio del coche, pero él, ensimismado en su labor de venta, nos dice: “Es que no sé, pero mire, orita vino una señora que nada más venía a ver y se llevó una Jeep con cero down.”

Ya un poco desesperada, le expliqué que necesitaba saber primero el precio del coche antes de decidir si me seguía interesando. Convencidos de que no nos diría el precio proseguimos a darle nuestros datos para que nos dijera la mensualidad aproximada y saber si éramos elegibles para el famoso “cero down”.

A la hora de tomarnos los datos le pedí que sólo anotara los míos, porque mi esposo, por su tipo de visa, aunque es un residente legal, no tiene crédito. El hombrecillo, terco, le toma los datos a él también. ”¿Y su número de seguro social?” pregunta. Mi esposo le dice: “No tengo”. El hombrecillo se acerca a nosotros como para contarnos un secreto y dice: “Y no tiene aunque sea un falso, o sea, aunque sea de mentiras, aquí también agarramos de ésos”, perplejos por lo que acabábamos de escuchar, mi marido y yo volteamos nos miramos y contuvimos la risa, para luego contestarle que no, que no teníamos un número de seguro social falso.

El joven continúa interrogando a mi marido y le pregunta que si además de su trabajo de ventas por Internet tiene algún otro ingreso, mi esposo le contesta que no, pero el vendedor insiste: “Entonces, ¿no hace ningún otro trabajo, como cortar la yarda o pintar casas?”.

¡HÁZME EL CHINGADO FAVOR! El tipo nos vio morenitos y hablando español y
dijo: “Ah, pero claro, son mexicanos y como son mexicanos, son mojados, entonces tienen papeles falsos y cortan la yarda y pintan casas para vivir”. Si tuvieran burros en una de esas y nos vendían uno.

Cortesía de Monica

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