Hace unos días, entré a esta página y me encontré con esta aportación de “La Banda, Cortesía de Irk-bot”. Empecé a leerlo, y pude ver que los datos presentados son reveladores y muy interesantes; pero cuando vi la interpretación que le dieron dije ¡¡¡¡HCHF!!!!.

La aportación indica que a existe una correlación entre el nivel de religiosidad, el nivel económico y el coeficiente intelectual. Hasta aquí, podemos ver que más o menos esto corresponde con varios estudios que existen en este aspecto. El problema viene cuando se colocan como variables los tres aspectos, pues la manera en la que trata el tema nuestro buen amigo hace referencia a que hay que disminuir el fervor religioso para que la economía y el coeficiente intelectual aumenten… cuando esto no es así.

Empecemos por partes. Para empezar, debemos entender que la inteligencia, al igual que la altura, el peso, el color de cabello, etc, se encuentra establecido genéticamente. Esto no quiere decir que nuestros genes DETERMINEN que una persona sea más inteligente que otra, sino que los genes nos dan un “tope” del cual nos alejamos más o menos de acuerdo a las condiciones en las que vivimos (justo como la altura o el peso). Así, una persona con un nivel educativo alto puede acercarse más a su tope porque ha tenido un entrenamiento mejor – y la inteligencia, como la fuerza necesita entrenamiento-, pero una persona con un nivel educativo muy bajo, puede estar muy alejado de su tope y aún así, ser más inteligente que el otro.

Hasta ahora he hablado de inteligencia y no de CI, pues ambas cosas son distintas. Debemos percatarnos que el CI es una medida artificial, que se utiliza para tener una medida aproximada de la capacidad y conocimientos de una persona de acuerdo a patrones culturales aceptados. Es decir, el CI se basa en lo que aquellos que lo realizan “quieren saber” y no de la inteligencia o no de una persona. Como prueba, podemos encontrar que en este proceso se privilegia la inteligencia numérica y la capacidad de resolución de problemas abstractos, dejando fuera una amplia gama de formas de materialización de la inteligencia (entendida como capacidad de adaptarse al medio y/o transformarlo voluntariamente)

Partiendo de esta idea, podemos ver que existe una correlación entre CI e ingreso económico, pues mientras más alto sea el ingreso económico, tienes mas oportunidades educativas y por lo tanto, no solo te acercas más a tu “tope”, sino que además te entrenas en las cosas que te van a preguntar para medir el CI. Esto no quiere decir que la gente rica sea más lista, sino que como en el caso de la altura, ha tenido las condiciones necesarias para desarrollarse mejor. Una persona “pobre” puede ser mucho más inteligente que la media de ricos (de hecho, todos conocemos a alguien que lo es) e incluso salir mejor que todos en una prueba de CI, pero no es por desgracia tan inteligente como sería teniendo las mismas posibilidades que ellos ni sale tan bien en esas pruebas como saldría en otras condiciones. Es decir, esa persona sería más inteligente de lo que es ahora y tendría un CI más alto, si tuviera posibilidades educativas personalizadas, entrenamientos profesionalizantes continuos, acceso a material, clubes y discusiones expertas y se valiera de ello a lo largo de su vida.

Una vez que vemos esto, podemos meter a la religión en la ecuación. Dentro de la nota en cuestión se pone a la religión como CAUSA del bajo nivel educativo y el bajo coeficiente intelectual, cuando en realidad, y esto es importante no es sino un EFECTO. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que un bajo nivel económico explica un alto nivel religioso y no al contrario.

La religión es una creencia, que resulta ajena al CI y al nivel económico como causa. Podríamos aventurarnos e indicar que a mayor coeficiente intelectual (y como se demostró, de manera intrínseca, mayor nivel económico) es menor la probabilidad de ser religioso, y según los datos mostrados en la nota, no nos alejaríamos mucho de la realidad. Sin embargo eso se explica de una manera muy clara: un gran número de personas con CI “alto” son aquellas que tienen un nivel económico y una educación buena. Las personas con una educación profesional de calidad (y esto es muy importante, DE CALIDAD) han vivido su vida educativa basados en el paradigma de la ciencia, lo que les hace resistentes a la idea de los dogmas religiosos (es decir la ciencia hace gente que sabe que puede dudar). Una persona con un bajo nivel educativo, con pocas oportunidades de empleo, en un clima de inseguridad, sin redes sociales que le permitan salir de esta situación, con un bajo “capital humano”, con problemas nutricionales, en un país con un claro clasismo-racismo, puede perfectamente ser atea o no, sin que esto modifique sus oportunidades de tener un mejor o peor nivel económico o un mejor o peor coeficiente intelectual. Todas las cosas que han llevado a una persona con un CI alto o con un ingreso alto a tener ambas, favorecen también su escepticismo religioso.

Yo no me voy a poner a defender la iglesia, ni la religión ni nada. Yo soy de las personas que piensan que ser un adulto con amigos imaginarios es tonto; pero precisamente por mi ateismo, es que debo decir cuando un ataque a estas cosas está mal sustentado. Porque si esto lo demuestra una persona religiosa, entonces nos deja sin un buen argumento que se desprende del estudio en cuestión, y que es que TRADICIONALMENTE LAS IGLESIAS BUSCAN SUS NICHOS DE OPORTUNIDAD EN LA GENTE CON UN BAJO NIVEL EDUCATIVO Y CON UN BAJO NIVEL ECONÓMICO, pues la religión sirve como FORMA DE CONTROL DEL DESCONTENTO SOCIAL.

Podemos argumentar que en México, en Brasil, en EEUU, existen mucha gente rica con un alta participación en la religión (como los Fox, Felipe de Jesus Calderón, el ya fallecido Carlos Abascal, etc), pero hay que hacer dos aclaraciones. La primera, es que la religión del pobre y del rico, nunca es la misma, ni ambos buscan a “Dios” por lo mismo, y la segunda es que no se debe confundir religión o espiritualidad con la iglesia como institución administrativa. Son cosas distintas, y no tienen que ver muchas veces la una, con la otra.

Lo que debemos destacar entonces de la aportación, y me parece el error más grande, es que no importa si bajas o subes el nivel de religiosidad de un grupo humano; esto no va a variar su capacidad económica ni su coeficiente. Si tu de la noche a la mañana vuelves a ateo a México, solo va a hacer un país ateo con exactamente las mismas condiciones, problemas y desigualdades, y te aseguro que una gran parte de la gente pronto buscara un nuevo “dios” -como la ciencia, el mercado, la salud, etc- para olvidarse de los problemas cotidianos.

¿Debemos dejar de luchar contra la iglesia? No. Por supuesto que no. La iglesia como medio de control es una verdadera plaga, que sirve a los intereses de los poderosos y los privilegiados. Pero si de verdad queremos cambiar esto, no es con un dios inexistente que debemos pelearnos, sino con los causantes de carne y hueso aquí en la tierra que lo hacen. El verdadero problema aquí es la distribución económica desigual de la sociedad, y no si le prenden veladoras a San Juditas cada martes. Los pobres no son pobres por ser religiosos, aunque quizá, son religiosos por no encontrar otra salida que les haga la vida más llevadera. No es contra su religión que debemos pelearnos, sino con lo que los mantiene pobres.

Hazme el chingado favor!

Cortesía de Parin

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