lluviaEs domingo, el día de descanso de Dios, por eso se olvido de cerrar la llave, la tina se derrama y esta ciudad se inunda, la basura que tiramos impide el paso del agua a las coladeras, de todas maneras el sistema de drenaje es insuficiente para tanta agua. Allá unas alcantarillas salen de su lugar arrastradas por el agua. Aquí la banqueta se inunda, llega hasta las puertas de las negociaciones. No hay refugio seguro si estas en la calle.

Yo he salido del trabajo, me gusta la lluvia, camino hacía el carro sin prisa dejo que la lluvia me moje, quizá se me limpie el alma. Hago esto porque se que en casa me espera ropa seca, limpia y una bebida caliente. Un buen libro o una mala película. Escogeré la película, me permite estar completamente cobijado, calido.

En la calle oscureció pero la lluvia no ceso, unos ojos con profunda tristeza ven como se ha inundado la banqueta de uno de los centros comerciales, el agua impide todo paso sin mojarse. Esta tristeza no es por querer comprar algo de lo que ofrece el comercio. Desde chocolates, café, libros, abrigos o televisores. No. Esa no es su tristeza.

¿Desde hace cuanto? No sabe, con esa vida no hay días, semanas, meses o años. Desde ayer o desde siempre. Desde quien sabe que día todas las noches acudía a ese centro comercial. No es el único. Los pilares entre cada entrada ofrecen un buen refugio, unos cartones o periódicos usados, y a descansar el cuerpo. Hoy con el agua cubriendo su lecho de cemento no sabe que hacer. No hay cartones secos. A el no le gusta la lluvia. La lluvia lavo sus ropas. No hubo sol que las secará.

Afuera llueve, recuerdo a los vagabundos, a los sin hogar. ¿Qué puedo hacer yo? Tengo ropa que ya no uso, y puedo compartir una olla de café y unas cuantas tortas que yo podría hacer. Podría… pero va a empezar “La Academia”, va empezar “Me quiero enamorar”, ademas yo no tengo la culpa. Buenas noches conciencia.