El clero sigue intentando cumplir con su función de represor de una verdadera libertad. Vaya usted a saber quien le dio esta función de policía, pero las reglas son claras, si no las cumples quedas segregado, ya te vas buscando otra religión, otro grupo que comparta tus ideas. Actitud que no merece reprobación alguna. Cierto, cada quien puede hacer su “Club de Tobi” y establecer reglas que permitan conceder o no la membresía a los demás mortales.
Lo que no se vale, lo que si merece censura es la media información, con el fin de evitar a toda costa que las personas hagan algo, se pena de excomunión, por ejemplo, el tan famoso “hasta que la muerte los separe” pues resulta que no es tan “hasta la muerte”, hay recurso jurídicos para la anulación de un matrimonio católico ¿Cuándo han escuchado eso de un cura? ¡Nunca!, siempre es “si te separas de tu mujer no podrás ni comulgar” ese es un ejemplo muy ligero, pero hay otros y que no se trata de justificar o no la conducta. Sencillamente de hacer clara una información que pocos conocen.
El canon 1317, del código del Derecho Canónico, establece que las penas han de establecerse sólo en la medida en que sean verdaderamente necesarias para proveer mejor a la disciplina eclesiástica. La expulsión del estado clerical no se puede establecer en una ley particular.
Es decir después de un ejercicio racional estableceremos si un delito merece una pena y cual es (el propio código establece las penas 1331 a 1335)
Bien, después de que establecemos que es verdaderamente necesaria veremos si no hay una causal que excluya el delito, el canon 1322 no dice la primera,
“se consideran incapaces de cometer un delito quienes carecen habitualmente de uso de razón, aunque hayan infringido una ley o precepto cuando parecían estar sanos.”
Es decir los que padecen de sus facultades mentales, los que comúnmente conocemos como locos, orates, deschavetados, de atar, etc. Ellos no comenten delitos y por lo tanto no pueden ser castigados. Un orate que se masturbe no puede ser condenado a rezar tres aves marías y un padre nuestro, por ejemplo. Algo más grave, el homicidio, un sujeto que con síndrome de down, no puede ser castigado por la iglesia (ni por los laicos) por esta conducta.







Es natural que ante la nueva tecnología existan nuevas palabras, la mayoría de ellas se originan en inglés y son “adaptadas” al castellano ya que no existe una palabra equivalente.
