2013

Historia de Bar

Cantina_1Claudia trabajaba en El Perico, guapa, no rebasaba los treinta años, esbelta, trigueña y una sonrisa amable, atendía la barra y la caja. En El Perico siempre hemos sido pocos los parroquianos, así que solo otra mesera y ella nos atendían. Carlos atendía la limpieza, tranquilizaba borrachos y también tenía una función muy importante, llenaba los refrigeradores con la cerveza.

A Claudia le gustaba charlar, tenía buen sentido del humor y un hijo del que solía platicar, lo tenía en la escuela vespertina para poderlo llevar a la escuela, lo recogía y luego ella se iba a trabajar. De Carlos no sé mucho, solo lo que hacía, era bueno para el billar y sabía dónde golpear la rocola para que devolviera las monedas.

Cuando platicábamos con Claudia, Carlos se acercaba con algún pretexto, le pedía instrucciones, pero eran tareas que había hecho incluso antes de que llegara Claudia. Pero no era inoportuno, ni siquiera creo que lo hiciera de manera consciente, sino más bien instintivo y protector, no siempre son buenas las intenciones con las que un bebedor se acerca a una chica que atiende la barra. Si hubiera estado consciente de lo que hacía seguramente hubiera pensado “habló y los distraigo y también les hago ver que hay alguien que sabe su juego”.

Con el tiempo ni siquiera se necesitó que alguno de ellos hablara para interrumpir al otro, yo los veía cruzar sonrisas, hacer ojos cuando algún borracho ya intentaba conquistarla y él, ahora sí, consciente le hablaba y le decía en broma “te estoy viendo”.

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