-Mis veintiún hijos darían la vida por el benefactor,
si se la pide.
-No te creo, pendeja.
Urania es una mujer dominicana, que vuelve a la isla que juró nunca más visitar, vuelve a la casa que juró nunca más pisar y le habla al hombre que le ha escrito cartas durante mas de treinta años, cartas que ella nunca contestó: cartas de su padre.
¿Qué hizo que Urania volviera? Quizá más importante, ¿qué hizo que se fuera y rompiera toda relación de afecto con su familia? ¿Qué hizo que permaneciera soltera pese a ser atractiva? ¿Por qué fulmina con la mirada a todo hombre que se acerca a cortejarla?
Juró no volver y sin embargo recorre las calles, sus propios pies la llevan a la casa de su niñez, donde se encuentra con su padre el otrora brazo derecho político de Trujillo.
Cuatro hombres esperan en un auto. ¿Aparecerá Trujillo y podrán asesinarlo? Cada uno tiene distintas razones para hacerlo y, sin saberlo, es Trujillo mismo quien los ha acomodado en esos asientos armados con armas propias y la ridícula aportación de la embajada estadounidense: dos fúsiles. ¿Quién de ellos renunció al amor de su vida porque el generalísimo le negó el permiso para casarse? ¿Quién de ellos en prueba de lealtad asesinó a un hombre perteneciente a la “14 de Junio”; quiso negarse a saber quién era, y sin embargo se lo dijeron, el hermano de aquella chica con la que no pudo casarse?
Quién de ellos consultó con su sacerdote y le fue mostrado un texto de Santo Tomás: “La eliminación física de la Bestia es bien vista por Dios, si con ello se libera a un pueblo.”











