2008

El tamaño del corazón

Hoy me encontre con esta columna del buen Reyes Heroles, solo una reflexión a la sociedad. Saludos!!

El tamaño del corazón
Federico Reyes Heroles
23 Dic. 08

Si por estos días fuera, se podría jurar que vivimos en una sociedad rebosante de amor hacia el prójimo. Se vive un auténtico desfile de expresiones de convicción religiosa y bienaventuranza. El desfile comienza con la millonaria peregrinación hacia la Basílica de Guadalupe, continúa con las posadas que invocan el nombre del cielo para abrir paso a la pachanga, le siguen los villancicos, la euforia navideña de los regalos y las reuniones de todo tipo. Acto seguido llegan los abrazos sentidos de año nuevo y los buenos deseos para todo mundo, y como postre las roscas de Reyes que preparan para la Candelaria. Si por este desfile fuera se podría concluir que vivimos en una sociedad cruzada por la fraternidad. No es así.

Más allá de las festividades religiosas y todo lo que de ahí se deriva hay otras formas de pulsar la fraternidad de las sociedades. Una de ellas son los actos filantrópicos. La filantropía es el brazo más eficiente que tiene la sociedad para ayudar a quien lo necesita. No se trata entonces de una actividad romántica sin impacto, sino de una serie de acciones organizadas que auxilian sensiblemente a paliar, entre otras, las dolencias y desventuras humanas. El ánimo final no es tranquilizar las conciencias, sino actuar de forma organizada para que la sociedad esté mejor, incluido uno mismo.

No es casual, entonces, que en los países con mejores niveles de bienestar sean también aquellos con la filantropía más extendida. No se trata de suplir al Estado, para nada. Lo que ocurre es que con frecuencia las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) son mucho más eficientes que el propio Estado. De allí que en esos países el Estado sea el primer interesado en apoyar la filantropía; es una relación de mutua conveniencia que en México por desgracia todavía no se entiende. En México el 85 por ciento de los ingresos de las OSC proviene de las cuotas de recuperación, sólo 9 por ciento es aportación gubernamental.

En otros países como Japón, Portugal o la República Checa alrededor del 40 por ciento de los ingresos de las OSC son aportaciones gubernamentales. Instituciones especializadas en problemas de visión, como lo son en México el Instituto de Oftalmología Fundación Conde de Valenciana y la Asociación para Evitar la Ceguera en México, atendidos por prominentes oftalmólogos y especialistas que con frecuencia donan su tiempo, difícilmente pueden ser mejoradas por una institución gubernamental.

En México la filantropía es todavía muy delgada. En Estados Unidos hay alrededor de 2 millones de OSC, una por cada 150 habitantes. En Chile hay 35 mil, una por cada 428 habitantes. En México hay alrededor de 8 mil 500, una por cada 12 mil 350 habitantes. En Estados Unidos el 85 por ciento de la población pertenece a cinco o más organizaciones. El México el 85 por ciento de los mexicanos no pertenece a ninguna organización. En México el trabajo voluntario es un tercio del total, lo cual es comparable a países desarrollados. Pero en México ese trabajo es todavía esporádico, el 60 por ciento aporta de una a 12 veces por año. En cambio, el trabajo de todos los días es alrededor del 8 por ciento. Algo que el Estado pareciera no haber comprendido cabalmente es que el llamado tercer sector es un gran generador de empleos. En Estados Unidos uno de cada 10 empleos radica ahí, bastante más que el sector automotriz. En México la proporción es de uno en cada 210 empleos.

Hay casos como el de los Países Bajos donde más del 14 por ciento de la PEA está radicado ahí, en México es el 0.4 por ciento. Quizá la crisis sea un buen momento para repensar el asunto.

Otra forma de calibrar la fuerza de las OSC es observar cuánto aporta la propia sociedad. Hay países, y no necesariamente ricos, como Uganda o Paquistán en los cuales alrededor del 40 por ciento de los ingresos de las OSC provienen de la propia sociedad. En México es sólo el 6 por ciento. Con todo y los fantásticos logros del Teletón, los mexicanos aportamos muy poco. Además, la pirámide de donaciones está invertida: muy pocos aportan mucho y muchos no aportan nada. Eso introduce fragilidad a las OSC, pues dependen de la voluntad de pocos.

Hay organizaciones, como la creada por el Padre Chinchachoma para atender niños en situación de calle, que estuvieron a punto de naufragar porque sus donantes tuvieron requerimientos de otras organizaciones surgidas por moda sexenal. Los mexicanos parecieran confundir la filantropía con la caridad. Cuando se les pregunta cómo prefieren realizar su aportación, casi el 80 por ciento responde: “Darlo directamente a una persona necesitada”, es decir abrir la ventanilla, dar unas monedas y circular tranquilo por la vida. Esa aportación es poco confiable porque, como sabemos, atrás de esos rostros sucios de mujeres con niños harapientos al hombro, con frecuencia hay verdaderas mafias. Además, esa aportación no tiene ningún seguimiento institucional. Sólo 13 por ciento de los mexicanos aporta a organizaciones o instituciones.

Es cierto, la filantropía, en una visión moderna, está muy ligada a la vida urbana que en México es muy reciente históricamente hablando. Las formas tradicionales de aportación como el tequio, al no ser voluntarias, están en la frontera. Lo mismo ocurre con esas niñas, mujercitas y mujeres a las cuales se les “encomienda” el cuidado de ancianos y niños. Tampoco es trabajo voluntario, además de que no es deseable que dejen la educación y se marginen del aparato productivo.

Pero hay otras explicaciones: alrededor del 70 por ciento de los mexicanos considera que no se puede confiar en las otras personas; el 45 por ciento considera difícil organizarse con otros ciudadanos y el 61 por ciento considera que el resto de la gente es corrupta. Así que, a pesar del desfile Guadalupe-Reyes, nuestro corazón colectivo no es tan grande. Felicidades.

Cortesía de Aza

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2008

Arbitro vendido por un trozo de chorizo

Hace algunos días veíamos como un jugador de fútbol finge una descarada falta en el área chica y el arbitro rápidamente marca un penalty totalmente inexistente, en esta ocasión vemos totalmente lo contrario. Cesar Villaluz del Cruz Azul es salvajemente arrollado en el área chica y el arbitro se hace el muy pendejo y no ve nada. Sobra decir que Villaluz salio en camilla rumbo al hospital… estas son las delicias y las corruptelas en el basurero del fútbol mexicano.

Cortesía de Hermes

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