2011

Modern Warfare 3 y la decadencia del videojuego

Llega noviembre y, con este, una nueva entrega del esperado (No sé porqué) y aclamado (Tampoco sé a qué se debe) juego, cuyas entregas han vuelto, más que algo esperado, una tradición que no cesa. Estoy hablando, por supuesto, de Modern Warfare 3. El último (Eso espero) capítulo de la “intrincada” e interesante trama que le da un pretexto al jugador para disparar, esconderse, lanzar una granada; disparar de nuevo, ver un cinemático, y disparar un poco más.

No me malinterpreten. Me encanta MW. De hecho, he jugado todos los capítulos de la franquicia desde su aparición en los tribulados tiempos del año 2003 de nuestro señor.

Amo disparar, sentirme un soldado; agacharme y tirar granadas a quién me pongan enfrente. No me importa si son rusos, mexicanos, alemanes, congoleses o vietnamitas; para mí es lo mismo. Me encantan las armas y la monótona acción de usarlas, recargar y volverlas a usar.
Este texto lo escribí por que acabo de finalizar la campaña de un jugador de esta última entrega y no pude evitar expresar lo que sentí por medio de un escrito pobremente redactado.

MW3 continúa la simplista trama de su antecesor (Modern Warfare 2 – 2009) dónde podemos ver por medio de escenas que imitan a una película de alto presupuesto, cómo un malherido “Soap” McTavish es transportado sobre una camilla mientras – en medio de su agonía. – tiene reminiscencias de los acontecimientos ocurridos en el último juego. (En éste caso, situaciones sucedidas hace apenas unas cuantas horas)

Luego de terminar la campaña de no más de 6 horas, y concluir lo que empezó en 2007 con Call of Duty 4; me separé del control, apagué la consola y me puse a considerar lo vacía que ha sido mi vida desde hace 4años. Y mira que esperar tanto tiempo para presenciar la conclusión de una trama tan simple y predecible. ¿En qué me he convertido? He leído Shakespeare, aunque no todo. He presenciado incontables obras teatrales de diversos autores. He leído novelas, visto documentales, y un sinfín de películas de todos géneros, y aún así mi mente se emociona con un argumento tan sencillo como el de un videojuego que divide a dos facciones entre buenos y malos, no hay más. Los buenos permanecen buenos y los malos, malos.

MW3 es casi un “copy paste” de sus antecesores. Si MW2 fue el “gran salto” de CoD4, MW3 no fue nada respecto a MW2. Hasta animaciones y audios reciclados de su antecesor hubo. En dos años de desarrollo no pasó nada. Esperamos la nada. Sólo lo que pudo haber sido un contenido descargable o un fiasco mercadológico como Halo 3: OSDT. Hubieran hecho un Modern Warfare 2: The extension, en lugar de crear toda una secuela. (Se hubieran ahorrado unos cuantos millones en publicidad.)
El juego no fue la épica conclusión que yo esperaba. No fue la reunión de personajes que quería que fuera. Sentí como si no hubiera habido 4 años de expectativa para enterarme “Cómo acaba” algo que sabía en qué culminaría.

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