“Más de 8 mil 500 personas subsisten en uno de los municipios más pobres del país. Le corresponde el cuarto lugar en miseria, dice la Declaratoria de las Zonas de Atención Prioritaria para el año 2011; el lugar 14, según las estadísticas del Inegi. Aquí no hay trabajo, las siembras de autoconsumo se agotan, la dieta diaria puede llegar a ser una sopa instantánea o tortillas y frijoles. Los niños asisten a clases en muy precarias condiciones. La gente enferma y no existe ninguna garantía de acceder a los servicios de salud”.
En Coicoyán de las Flores, Oaxaca, el 77.5% de los habitantes de las 15 años no tienen primaria concluida. 13% de los niños que van a la escuela no hablan español, sólo mixteco, y un gran porcentaje de ellos está desnutrido… hace unos años, el gobierno federal empezó a construir un hospital en la zona, destinando 5 millones de pesos para ello, pero jamás lo terminó de construir. Ahí esta en obra negra, abandonado y deteriorándose, mientras tanto, pobladores languidecen en sus casas, sin acceso a ningún servicio de salud pero, ¡eso si! con su papelote que dice que están suscritos al Seguro Popular.
Florentino Hernández, quien reposa –casi sin moverse– en el colchón de una cama tubular, con la piel pegada al hueso y con la voz convertida en un murmullo. Han pasado unos 5 años desde que está en esa condición, los mismos en los que no ha podido dormir bien y apenas prueba alimento. El médico que lo ha atendido en un par de ocasiones, integrante de las llamadas Caravanas de Salud, asegura que el hombre de 73 años “no tiene nada”.
Los niños de la escuela primaria de Coicoyán, estudian en aulas sin equipamiento adecuado, con ventanas sin cristales por donde entra el polvo, la lluvia, el frío, según la época del año. Los estudiantes asisten tienen cuadros graves de desnutrición. Sus padres no tienen dinero para darles de comer, menos para comprar útiles.
“¡Cómo no va a existir desnutrición si todos los niños toman agua de la llave!”, dice el profesor Javier Hernández, encargado de enseñar a niños del tercer grado de primaria. “Apenas pudimos comprar un garrafón de agua y la bombilla. Yo busco que esta comunidad cambie, que no se encuentre en malas condiciones”.














Si alguien te cuenta que hay un país con casi 2 millones de kilómetros cuadrados, con más de 100 millones de habitantes, con reservas de petróleo, gas natural, parte del top 10 de países turísticos, con ciudades con un IDH igual al de Berlín o Tokio, con varias Universidades en el top 500 (QS World Ranking 2011) y uno de los pocos países calificados como “Mega diversos”. Seguramente pensarás que este país debe ser de primer mundo. El país que les mencionó ese alguien es México. Seguramente algunos ya sabían estos datos, seguramente otros no, y creo que la gran mayoría se preguntará ¿Por qué no somos primer mundo? Sí, es culpa también de los muchos no calificados para gobernarnos, pero recuerden, nosotros somos los encargados de elegirlos.
A lo largo de las semanas han salido unos datos importantes que desafortunadamente solo lo sabe la gente que lee los periódicos o va en búsqueda de estas cifras, cifras que pueden avalarse en la facultad de economía de la UNAM, en la página de la UNICEF, el Instituto Politécnico nacional, el CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) el INEE (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación) y Metal Economics Group, cada uno para el área que le compete. No perdamos más tiempo; vamos a los datos.
Al pasar los años y ciclos presidenciales sobre todo los cuales en cuyos periodos al finalizar dejaron como resultados tasas de desempleo, pobreza y marginación elevadas. Como método para combatir tales escalas de descenso, se implementan programas en auxilio de personas de escasos recursos; que muchas veces no son ejecutados como se planea debido a que el dinero invertido muchas veces se utiliza en todo menos para lo que es repartido, pero en esta ocasión no hablaremos de ello, sino de esa acusación recalcada en gran parte para gobiernos de izquierda en los que se cita que: “El gobierno mantiene a los pobres”.


