2013

¡Kame-Hame-Haaaa!

Aprendan la técnica secreta que hará que derrotes a tus enemigos con solo usar tu Ki (energía), seras capaz de bloquear ataques y de madrearte gente sin tocarlos.

Si lo van a entrenar por favor no hagan el Kame Hame Ha, eso nos destruiría a todos y no querrán vernos revolcarnos como cucarachas como lo hacen en el video…


Liga direta: youtube.com

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Don Gokou

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2012

Oh chises my gad to pawer

Oh chises my gad to pawer… ¿Como dice?


Liga directa: youtube.com

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Berzerker Machina


2011

En la era de Facebook y Twitter el poder nos hace los mandados

Es de la más alta trascendencia reconocer y dimensionar lo que hoy acontece no sólo en México, sino a lo largo y ancho del planeta. En diferentes naciones, en diferentes culturas, cada cual respondiendo a razones de índole regional, con características compartidas, aunque también diferentes, las voces del cambio se organizan y se hacen presentes en el escenario político con una efervescencia tal, que encuentran en lo espontaneo y avasallador la sustancia perfecta para allanar el camino a las reformas. “Arriba”, en muchos lados, están muy nerviosos; razón no les falta.

Hoy día la redes sociales reconfiguran el mapa en la producción e intercambio de información, dotando a los ciudadanos comunes (al fin agente político base, mayoritario) de una herramienta por demás eficaz y poderosa para organizar y estructurar la dinámica colectiva en torno a un objetivo común. Para ejemplo, pongamos dos: Túnez y la revuelta que derrocó al Dictador Ben Alí, con 23 años en el poder; Egipto y la insurrección juvenil, apoyada principalmente en las redes sociales, que orilló a expirar a un régimen corrupto y represor amparado en un extensísimo aparato militar y policial patrocinado por Occidente; no les alcanzó. Régimen encabezado durante casi 30 años por Hosni Mubarak.

Igualmente, la coordinación y organización con base en el intercambio de información en tiempo real mantiene viva la expectativa mundial, que afina su atención en Medio Oriente, donde las protestas en contra de gobiernos intransigentes, dictaduras y monarquías se extendieron a países tan dispares como Libia y Bahréin, con amplia posibilidad de que más gobiernos caigan, porque esto no acabará pronto ni se mantendrá circunscrito a tierras faraónicas. En tanto que, en México, vivimos un fenómeno mediático sin par hace unos meses, con ocasión de la fugaz salida del aire del programa radiofónico conducido por Carmen Aristegui, en MVS. Fenómeno que tomo a las redes sociales casi por asalto como plataforma por excelencia para opinar, difundir, y, de manera característica, para verter expresiones de solidaridad por decenas de miles hacia la periodista. Redes sociales que sirvieron con prontitud y suma eficacia para dar voz a muchos a quienes fue, sin complicaciones, un acto de censura; redes sociales que hicieron las veces de cauce para la interacción ante la evidente salida del tema en gran parte de los medios de mayor cobertura. O Javier Sicilia y el caso de su hijo, alrededor del cual se tejió espontáneamente una red de apoyo y solidaridad de calado nacional, imposible en otros tiempos, para denunciar las atrocidades de una guerra delirante y sin rumbo que degrada a priori a todos los muertos como delincuentes.

El hecho es que el efecto exponencial en la transmisión de información a través de estos novedosos medios, desdibuja la tradicional relación emisión-recepción entre las partes del proceso informativo, favoreciendo, naturalmente, la ventaja numérica dentro de un medio con condiciones de igualdad.

La posesión de medios económicos y materiales por fin deja de determinar la preeminencia en el tratamiento y emisión de testimonios, otorgando como nunca la posibilidad de inclinar la balanza a favor de la opinión de las mayorías.

Nunca más el mundo será lo que antes, ya que nunca más unos pocos monopolizarán el uso de la verdad, es decir, su verdad.

Información es poder, recuérdenlo en todo momento. ¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Bishop Non Fiction