2011

Una anécdota para reflexionar en estas fechas

Estimados amigos de Hazme, el día de hoy quiero hacerles una aportación que cambio mi vida y bueno espero que les ayude a reflexionar del actuar de las personas y hasta de uno mismo.

Hace casi un año, el 24 de diciembre de 2011 2010, aproximadamente a las 3.10 am, su servidor venía de regreso a casa de una posada en compañía de mi novia, pase a dejar a un amigo y como era costumbre venía discutiendo con mi novia (ya no se ni porque era pero seguro era algo tonto), el chiste es que al ir discutiendo, me distraigo y pase un tope de lo más lento y escucho que el de atrás me toca el claxon mentándome la madre como desesperado, yo en mi coraje le digo a mi novia… -a chinga!, pues que me rebase por el otro carril, que necedad!-, (teniendo en cuenta que es una avenida de baja velocidad y de dos carriles) acto seguido, me quedo parado sin moverme del puro coraje, esos no son modos, estamos de acuerdo, bueno pues me empiezan a gritar de cosas y decido avanzar y hacerme a un lado para que el sujeto en cuestión llegara por su herencia que seguro recibiría 24 de diciembre a las 3 de la mañana… ósea a esa hora… por que puedes tanta prisa?

Tal vez para llegar a un hotel porque ya te urge, no?… bueno quien sabe… el caso es que me rebasan sí, pero se me emparejan y se fijan que solo venimos dos personas, el sujeto en una CRV blanca se me cierra y ahí es cuando me doy cuenta que no viene solo, son dos autos, una CRV y un POLO blancos los dos, se me cierran los dos autos y se baja todo mundo, sin mediar palabra empiezan a golpear mi auto por todos lados, tumbando espejos, intentando romper ventanas (tenían película anti-asalto mis ventanas), cuando veo que son alrededor de 6 hombres y 3 mujeres (si las mujeres también se bajaron a pegarle al auto), decido que ni mi novia ni yo vamos a poder hacerle frente a tantas personas jajajaja, nos damos a la fuga, logro escapar pasando entre los dos autos (cabe mencionar que era un ATOS mi auto), le digo a mi novia que llame al 060 y diga por donde vamos y que es lo que está pasando, le digo que nos dirigiremos a Tránsito Municipal, ya que ahí siempre hay muchas patrullas y estaba relativamente cerca, probablemente a unos 3 minutos.

Al empezar la huida casi atropello a una de las mujeres que se plantó frente a mi auto, intentando evitar que escapara, cosa que hice caso omiso y le avente mi auto, teniendo en mente que si me quedo probablemente me maten a golpes, se veían totalmente alcoholizados todos los ocupantes de dichos autos y bueno volviendo a la huida, iba a todo lo que daba el ATOS, pero obviamente la CRV me alcanzo en cuestión de segundos, y sin más, intenta cerrarme el paso pero OJO, golpeando mi vehículo con el suyo, como si fuésemos en una película de Duro de Matar o que se yo!, el tipo me aventaba su camioneta chocando contra el costado de mi auto intentando sacarme del camino!!, al ver que no aguantaría mucho esa situación, decido tomar un retorno, a lo cual la CRV se sigue derecho y logro ganar ventaja, pero ohhh situación, tengo el POLO detrás de mí todavía, así que sigo con mi camino, cabe mencionar que el POLO era manejado por una mujer por lo tanto no era tan agresiva la situación con él. Después de un recorrer un trecho de unos 400 metros sin la CRV y a unos 140 km/h (todo lo que daba el ATOS) veo por el retrovisor que la CRV viene echa la madre y valiéndole el mundo, se me impacta en la parte de atrás, lo que ocasiona que perdamos el control y nos vayamos contra una banqueta, la CRV se estrella contra un árbol y se vuelven a bajar todos los ocupantes de los dos autos a realizar exactamente lo mismo que antes, le vuelvo a decir a mi novia que llame al 060, seguimos en camino pero por distinta ruta, echo a andar el ATOS y milagrosamente prende y avanza sin mayores problemas, haciendo ruidos raros pero avanzando!!

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2008

El tamaño del corazón

Hoy me encontre con esta columna del buen Reyes Heroles, solo una reflexión a la sociedad. Saludos!!

El tamaño del corazón
Federico Reyes Heroles
23 Dic. 08

Si por estos días fuera, se podría jurar que vivimos en una sociedad rebosante de amor hacia el prójimo. Se vive un auténtico desfile de expresiones de convicción religiosa y bienaventuranza. El desfile comienza con la millonaria peregrinación hacia la Basílica de Guadalupe, continúa con las posadas que invocan el nombre del cielo para abrir paso a la pachanga, le siguen los villancicos, la euforia navideña de los regalos y las reuniones de todo tipo. Acto seguido llegan los abrazos sentidos de año nuevo y los buenos deseos para todo mundo, y como postre las roscas de Reyes que preparan para la Candelaria. Si por este desfile fuera se podría concluir que vivimos en una sociedad cruzada por la fraternidad. No es así.

Más allá de las festividades religiosas y todo lo que de ahí se deriva hay otras formas de pulsar la fraternidad de las sociedades. Una de ellas son los actos filantrópicos. La filantropía es el brazo más eficiente que tiene la sociedad para ayudar a quien lo necesita. No se trata entonces de una actividad romántica sin impacto, sino de una serie de acciones organizadas que auxilian sensiblemente a paliar, entre otras, las dolencias y desventuras humanas. El ánimo final no es tranquilizar las conciencias, sino actuar de forma organizada para que la sociedad esté mejor, incluido uno mismo.

No es casual, entonces, que en los países con mejores niveles de bienestar sean también aquellos con la filantropía más extendida. No se trata de suplir al Estado, para nada. Lo que ocurre es que con frecuencia las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) son mucho más eficientes que el propio Estado. De allí que en esos países el Estado sea el primer interesado en apoyar la filantropía; es una relación de mutua conveniencia que en México por desgracia todavía no se entiende. En México el 85 por ciento de los ingresos de las OSC proviene de las cuotas de recuperación, sólo 9 por ciento es aportación gubernamental.

En otros países como Japón, Portugal o la República Checa alrededor del 40 por ciento de los ingresos de las OSC son aportaciones gubernamentales. Instituciones especializadas en problemas de visión, como lo son en México el Instituto de Oftalmología Fundación Conde de Valenciana y la Asociación para Evitar la Ceguera en México, atendidos por prominentes oftalmólogos y especialistas que con frecuencia donan su tiempo, difícilmente pueden ser mejoradas por una institución gubernamental.

En México la filantropía es todavía muy delgada. En Estados Unidos hay alrededor de 2 millones de OSC, una por cada 150 habitantes. En Chile hay 35 mil, una por cada 428 habitantes. En México hay alrededor de 8 mil 500, una por cada 12 mil 350 habitantes. En Estados Unidos el 85 por ciento de la población pertenece a cinco o más organizaciones. El México el 85 por ciento de los mexicanos no pertenece a ninguna organización. En México el trabajo voluntario es un tercio del total, lo cual es comparable a países desarrollados. Pero en México ese trabajo es todavía esporádico, el 60 por ciento aporta de una a 12 veces por año. En cambio, el trabajo de todos los días es alrededor del 8 por ciento. Algo que el Estado pareciera no haber comprendido cabalmente es que el llamado tercer sector es un gran generador de empleos. En Estados Unidos uno de cada 10 empleos radica ahí, bastante más que el sector automotriz. En México la proporción es de uno en cada 210 empleos.

Hay casos como el de los Países Bajos donde más del 14 por ciento de la PEA está radicado ahí, en México es el 0.4 por ciento. Quizá la crisis sea un buen momento para repensar el asunto.

Otra forma de calibrar la fuerza de las OSC es observar cuánto aporta la propia sociedad. Hay países, y no necesariamente ricos, como Uganda o Paquistán en los cuales alrededor del 40 por ciento de los ingresos de las OSC provienen de la propia sociedad. En México es sólo el 6 por ciento. Con todo y los fantásticos logros del Teletón, los mexicanos aportamos muy poco. Además, la pirámide de donaciones está invertida: muy pocos aportan mucho y muchos no aportan nada. Eso introduce fragilidad a las OSC, pues dependen de la voluntad de pocos.

Hay organizaciones, como la creada por el Padre Chinchachoma para atender niños en situación de calle, que estuvieron a punto de naufragar porque sus donantes tuvieron requerimientos de otras organizaciones surgidas por moda sexenal. Los mexicanos parecieran confundir la filantropía con la caridad. Cuando se les pregunta cómo prefieren realizar su aportación, casi el 80 por ciento responde: “Darlo directamente a una persona necesitada”, es decir abrir la ventanilla, dar unas monedas y circular tranquilo por la vida. Esa aportación es poco confiable porque, como sabemos, atrás de esos rostros sucios de mujeres con niños harapientos al hombro, con frecuencia hay verdaderas mafias. Además, esa aportación no tiene ningún seguimiento institucional. Sólo 13 por ciento de los mexicanos aporta a organizaciones o instituciones.

Es cierto, la filantropía, en una visión moderna, está muy ligada a la vida urbana que en México es muy reciente históricamente hablando. Las formas tradicionales de aportación como el tequio, al no ser voluntarias, están en la frontera. Lo mismo ocurre con esas niñas, mujercitas y mujeres a las cuales se les “encomienda” el cuidado de ancianos y niños. Tampoco es trabajo voluntario, además de que no es deseable que dejen la educación y se marginen del aparato productivo.

Pero hay otras explicaciones: alrededor del 70 por ciento de los mexicanos considera que no se puede confiar en las otras personas; el 45 por ciento considera difícil organizarse con otros ciudadanos y el 61 por ciento considera que el resto de la gente es corrupta. Así que, a pesar del desfile Guadalupe-Reyes, nuestro corazón colectivo no es tan grande. Felicidades.

Cortesía de Aza

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2008

Crisis Económica VS Crisis Cultural

Bueno es un hecho que México nuestro bello y querido país, ha sido por muchos años el basurero de cuanta cosa ya es desechable en los Estados Unidos, tan así que no importa que tan preparados estemos para un crisis económica, cualquier actitud estúpida, de la súper potencia, nos afecta directamente, sobre todo por aquellos que mas que mexicanos de primera, se trasforman en “gringos de tercera mano”.

A que me refiero, al atropello cultural, la evidente transculturización. Y un evento que nos acosa cada año la bella y más cara dama de las celebraciones, la Navidad, que por ende ya no es más la celebración del nacimiento de Jesús Cristo, para aquellos que profesen su fé, más bien es el evento más global del que tengo memoria.

Para este año a causa de la evidente crisis económica que acosa al sistema financiero mundial (a causa de ya saben quién), nos serán repatriados algunos millones de paisanos que llevaban vidas tranquilas y llenas de gozo viviendo en el lado norte de la franja territorial mexicana; viviendo de sus McDonal´s, del corporativo Walk Mark (Por favor este año no compren en esa tienda), y haciendo tareas que como dijeran por ahí “ni los negros quieren hacer”.

No sé si les ha pasado, pero mi cercanía con el medio rural, y mi parentesco con personas de un bello pueblito, me ha abierto a una situación, el anhelado regreso del amigo, hermano, hijo , que vive en el Norte, y no digo que sea malo dar afecto a nuestro seres queridos, pero sabemos a ciencia cierta que el que se fue no es igual al que regresa, y la gran mayoría regresa totalmente trasculturalizado, medio hablan inglés y ya no quieren hablar español, es un orgullo mas para ellos pertenecer a alguna “ganga” y saber tirar barrio aunque no sepan a lo que se exponen sobre todo con el hecho de que el país al que regresan no es el mismo que dejaron, por lo tanto ya no saben ni siquiera trabajar en el.

Este año es muy posible que ya no se festeje la llegada del niño Dios con sus regalos, o la espera tan fantástica de los reyes magos. Como ya no va a ser exclusivo de los grandes almacenes el vender la imagen de Santa Claus, y que ahora no vamos a ver a esos Santas y renos mecánicos tan caros en las casas de la “gente bien”, sino ahora también los veremos más, en la casa del a abuelita de tal, o de la mamá de tal que se lo trajo del otro lado.

Así que este año tendemos que lidiar una batalla más por no perder nuestra identidad, por no darnos al exacerbado consumismo, y por recuperar nuestras ya tan raspadas tradiciones; así que este año no hablen de ese barbón anglosajón vestido de colores que aluden al Coca Cola, Hablen de los reyes, del niño Dios, de lo autóctono, aunque no sean creyentes, no hay mayor ilusión para un niño y lo sabemos los que lo vivimos.

Canten villancicos, vallan a las posadas a comer ponche y tamales, pueden comerse unas ricas tortitas de romeritos, o unos pinche buñuelos cargados de piloncillo. Por que estoy seguro que muchos de los que ahora vienen en camino nos harán exclamar muchos HAGANME EL CHINGADO FAVOR.

Cortesía de Alvaro

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