2012

Ramo de Rosas

-Son de doscientos joven- me dice mientras me tiende un ramo de rosas. – Llévelo, seguro le van a gustar a la muchacha-.

Abro la cartera, saco un billete de doscientos y realizó el intercambio. –Si no le gustan, se las voy a venir a regresar- le digo, después sonrió y sigo avanzando.

En estos tiempos, creo no es común ver a un hombre caminando con un ramo de rosas; la gente voltea, me observa, después se aleja hablando bajito, con temor a que las escuche. Sigo mi marcha, camino con valor entre la muchedumbre, que no hace otra cosa más que verme con ojos de asombro.

La mayoría viste muy similar, sus atuendos sobrios, sin vida. No sé que me ven, tal vez mi playera amarilla, es una de mis preferidas, tal vez el ramo de flores llamativas, algunas son rojas, otras blancas, unas más amarillas.

Mientras camino, pienso en cuanto le van a gustar las flores, son de sus preferidas. -Que sean de muchos colores, un ramo grande. Si me quieres ver muy contenta, regálame uno de esos- Me dijo en una ocasión, mientras me abrazaba y me daba un cálido beso en mi mejilla.

Esos recuerdos me hicieron estremecer, me dieron ganas de llegar, abrazarla y darle un beso, decirle que la quiero mucho. Nunca me ofrecieron un amor como el de ella, es el amor más puro que he recibido. Recuerdo y sonrió.

De pronto todos se detienen, me hacen despertar de mi ensoñación, alguien se acerca y me saluda, no sé quien es, pero le devuelvo el saludo de manera amistosa. De pronto observo que todos me siguen viendo raro, hablan bajito. Ha empezado a llover.

Doy un par de pasos, sostengo con mi mano izquierda el ramo, con la derecha, me hago cargo de aquel pedazo de madera. Ahí esta, radiante como siempre.

-Adiós mamá, aquí esta tu ramo- La madera se cierra y me resigno a no verla nunca más.