2014

Chiste de viernes – 35 frases que dice un mamador de la Roma/Condesa

mamador_condesaTomado de estoespurpura.com

1.- “¿Güey ya probaste las hamburguesas de __________ ? Son artesanales y las papas son hechas con sal de mar de Colima.”

2.- “Vamos a brunchear al Delirio y aprovecho para que me arreglen la barba en la Barbería.”

3.- “No te preocupes güey, a huevo entramos al Mono, soy amiga del Tortu y estoy en la lista.”

4.- “El Mercado Roma es como si estuvieras en Barcelona. ¡Es otro pedo!”

5.- “El otro día vi la peli __________ del director coreano que ganó en Cannes. Después de los 4o min en negros y con el sonido de una sierra te deja reflexionando muy cabrón de lo que somos como sociedad.”

6.- “Orozco es definitivamente uno de mis artistas favoritos al igual que Damien Hirst. Me OFENDE que NADIE entienda su arte.”

7.- Mamador 1.- Bikram Yoga es lo MÁXIMO del mundo.

Mamador 2.- ¿No fue donde te desmayaste por el calor?

Mamador 1.- Si güey, pero no había comido bien.

8.- “Güey tengo una idea cabrona para poner en la Roma. Imagínate que un mismo lugar tengas un restaurante, bar, mezcalería, librería, panadería de barrio, galería, club de cine independiente, foro, que sea Pet Friendly y con un estacionamiento para bicicletas, ¿qué opinas?”

9.- “Yo escuché a Grimes antes de que fuera famosa.”

10.- “Yo no escucho radio.”

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2012

Chiste de Viernes – El peluquero

Un señor está en una peluquería, días antes de viajar a Roma.

Mencionó el viaje al peluquero, el cual le dijo:

-¿A Roma? ¿Por qué alguien querría ir a Roma?… Siempre está lleno de italianos que apestan. Estás loco si vas a Roma… ¿Y en qué te vas a ir?

– Voy con Alitalia, respondió el tipo. Aprovechamos una gran oferta

– ¿Con Alitalia?, exclamó el peluquero. ¡Esa mierda de aerolínea! Sus aviones son viejos, sus azafatas feas y siempre llegan tarde. ¿Y dónde te vas a quedar en Roma?

– Vamos a estar en el Hotel Internacional Marriot

– ¿Esa mierda de hotel? Todo el mundo sabe que es el peor hotel de la ciudad… Las habitaciones son pequeñas, el servicio es malo ¡y encima son careros!… ¿Y qué vas a hacer cuando estés por allí?

– Voy a ir al Vaticano y espero ver al Papa

– ¡Esta sí que es buena!, se rió burlonamente el peluquero. Tú y un millón de personas más tratando de verlo. ¡Lo vas va a ver del tamaño de una hormiga! Pero de todas maneras, te deseo mucha suerte en tu viaje. La vas a necesitar .

Pasó un mes y el cliente volvió para hacerse su habitual corte de pelo

El peluquero le preguntó acerca de su viaje a Roma

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2012

Vae victis!

El verbo vencer (1) tiene diversas connotaciones , entre las cuales está sujetar, derrotar o rendir al enemigo; superar las dificultades o estorbos y, dicho de una persona, el reducir a otra de modo que sigua su dictamen o su deseo.

Por lo tanto la palabra “vencidos”, cumple la función de participio adjetivo plural, y se aplica a aquellos que son derrotados, aventajados, que no superan las dificultades, y que son reducidos de modo que siguen los dictámenes de los vencedores.

Podemos sentirnos vencidos o no; sin embargo, esta palabra tiene un sentido preciso, pues en ninguna de sus connotaciones hace referencia a la subjetividad del individuo, es decir; si nos doblegan para ejecutar la voluntad de otro, hemos sido vencidos, sin ahondar en como pretendemos presentarnos a nosotros mismos las circunstancias para no sentirnos derrotados, pues este adjetivo es el que implica el concepto de estar deprimido y tener el ánimo vencido, según el diccionario ya citado.

Así las cosas, no podemos más que afirmar que todas las veces que reducen nuestra voluntad (es decir, a través de la fuerza, sea esta la fuerza de las armas, de la autoridad o de la rutina) nos han vencido; todas las veces que se nos impone un estilo de vida que no nos parece, o que caemos en los juegos falsos de las apariencias sociales, o bien que estamos forzados a realizar actividades que no nos satisfacen, estamos vencidos. Por supuesto que buscamos racionalizar esto y decir que la necesidad de sobrevivir, de progresar y de salir adelante es lo que nos impone estas obligaciones y que, por tanto, el poder entrar en ese juego es vencer. Incluso otra de las connotaciones de la palabra vencer es sobreponerse a las emociones y pasiones y sujetarlas a la razón. Pero a esto hemos de responder, ¿la razón de quien? porque si asumimos que sólo podemos sobrevivir al entrar en ese juego de la rutina, de las falsas apariencias, del consumo, de la búsqueda de más recursos económicos, entonces quiere decir que todas esas racionalizaciones no provienen de nuestra reflexión, sino que nos han sido impuestas, y que han reducido nuestra razón a la razón de los demás. Y en ese sentido, no estamos más lejos de aquella jauría de perros donde sólo el primero que ladra sabe por qué lo hace, pues sólo el que impone sus condiciones, el vencedor, sabe por qué nosotros hacemos las cosas.

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