2011

Héroes de Viaducto II: El ataque del viene viene

El viene viene es una especie alienígena que quiere dominarnos, un lugar de estacionamiento a la vez, en esta ocasión, una de sus presentaciones con más caché: “el valet parking”, organizó uno de sus ataques, pero en esta ocasión fue vencido por las fuerzas del bien.

Todo comenzó un sábado por ahí del medio día, después de una mañana en el parque España de la Condesa. Regresaba con mi hija de una agotadora ronda en triciclo y un buen rato de juegos cuando, justo en la esquina de la calle donde vivo, pude ver que el Valet Parking del nuevo salón para niños que acaban de poner junto a mi casa estaba poniendo unos conos en la calle para apartar lugares.

Por lo menos a los viene vienes les puedes dar una lanita para que te guarden lugar, pero a los “valet parkings” ni eso. ‘nche gandalla… pensé, así que me acerqué a él mientras terminaba de acomodar su conito naranja y le dije: oye carnal, eso no lo puedes hacer… a lo que él contestó: pues… lo acabo de hacer. La ira corrió por todas las venas de mi cuerpo, todos mis instintos y mis sentidos me empujaban a brincarle encima y destrozarle su pinche chalequito y su peinado de erizo a punta de madrazos… pero en ese momento, mi hija me apretó la mano y me dijo: ¿y porqué no puede poner ahí los conos papi?… recordándome instantáneamente que yo no puedo hacer esas cosas …porque la calle es de todos y si él pone ahí sus conos, nadie se puede estacionar hasta que él diga… El tipo sonrió burlonamente y se fue a su lugar frente al establecimiento, yo seguí caminando hasta la puerta de mi casa y simplemente pensé: ¿de qué te ríes pendejo?. Pero me metí a mi casa sin hacer más aspavientos.

Ya adentro de mi casa, estuve toda la tarde checando que el tipo no sólo se agandallaba todos los lugares de estacionamiento que habían en la calle, otrora una tranquila calle de la del valle, sino que además, estaba tapando varias entradas de casas y edificios, incluido el mío!!!, definitivamente estos viene vienes venidos a más saben muchas más cosas que sus primitivos antecesores. Y por supuesto, de las casas vecinas nadie decía nada… conté todos los pormenores a mi esposa que, sin dudarlo un segundo bajó corriendo al establecimiento para “hablar con el gerente”… tristemente, como la mayoría de las veces, “hablar con el gerente no sirvió de nada”, el alienígena ese seguía desquiciando a toda la calle. Así que decidimos llamar al teléfono de atención ciudadana para denunciar al valet por su gandallez, increíblemente a los 5 minutos ya habían dos grúas en la calle dispuestas a llevarse los coches que estaban estorbando las entradas, pero no contábamos con la astucia de los oficiales de la grúa que, llegaron y simplemente se pararon junto a los coches, pero sin levantar ninguno… ¿qué esperan? me dije, y la respuesta brincó ante mis ojos cual chapulín: están esperando a que el valet parking saque lana para los chescos o que salga el propietario del vehículo para sacarle lo de las tortas… ¡el escándalo!

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