En 2010, la noticia de la iraní Sakineh Ashtianí condenada a morir bajo una lluvia de piedras impactó el mundo y provocó reacciones de repudio contra la lapidación. Así, nos horrorizamos cada que los “musulmanes fundamentalistas” hacen tales barbaridades.
¿Y qué pasa cuando sucede en México? La barbaridad no responde a religiones, ni a nacionalidades. El sábado pasado se encontró el cuerpo de Jessica Lucero, originaria de Ostor Tulpetlac, en un terreno baldío. Fue asesinada por denunciar una violación.
Se presume que Carlos García Sanjuán, alias “el Quico”, es el responsable. Un joven de 22 años acusado ante el Ministerio Público de San Cristóbal, Ecatepec por violar a Jessica el pasado 12 de junio. El caso apesta a corrupción e impunidad.
Los padres de la víctima declararon que cuando presentaron la denuncia ante el ministerio publico se les pidió una mordida de 2000 pesos para “agilizar el proceso”.
Entonces, la familia del violador amenazó a Cruz Pérez Moreno, la madre de Jessica, para que retirara los cargos. “El Quico” sigue libre y se desconoce su paradero.
Nada se hizo y paso lo peor. Una adolescente de 14 años murió lapidada. Esta práctica, es muy antigua y tiene sus orígenes en la tradición judaica y musulmana.
A pesar de que Amnistía Internacional ha denunciando su brutalidad, sigue siendo un castigo legal al adulterio en varios países como Pakistán, Irán, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, entre otros, del norte de África.












